La Reserva Federal de Estados Unidos ha rebajado los tipos de interés de una sola vez en medio punto, hasta el 4,75%, primera bajada de tipos después de 17 subidas consecutivas. Es, por lo tanto, la primera medida de un cambio de ciclo con la que se trata, en principio, de estimular el crecimiento económico más que de luchar contra la inflación, aunque como es lógico esto último se mira siempre en este tipo de circunstancias por el rabillo del ojo. El petróleo está en máximos, pero la economía amenaza recesión y hay un clamor contra el alto coste de las hipotecas, que amenaza con globalizar la crisis económica.
Medio punto de bajada es más de lo que esperaba una buena parte de los mercados, pero coincide con la apreciación más generalizada. La rebaja tiene un sentido de oportunidad que alimentará con toda probabilidad la leyenda, cada vez más extendida, que pone al BCE en inferioridad de condiciones en relación con su hermano del otro lado del Atlántico cuando se trata de tomar medidas que cuentan con un amplio respaldo popular. No está escrito en ninguna parte que los bancos centrales deban tomar medida populares, pero lo cierto es que el BCE se ha vuelto bastante antipático en los últimos tiempos y que la Fed americana cuenta con bastantes más simpatías mediáticas y políticas.
Claro que la Fed tiene a sus espaldas el aliento de los candidatos a las presidenciales de noviembre del año 2008, a quienes no gustaría trabajar con una economía encrespada. Y los últimos datos dicen que la economía norteamericana camina hacia algo parecido a una recesión. Señales no faltan. Este mismo martes ha aparecido un indicador aparentemente terrorífico: los embargos de viviendas en agosto aumentaron un 36% sobre el mes anterior y duplican los de hace un año. El empleo ha presentado sus últimas cifras con los peores resultados de los últimos cuatro años. La importante bolsa de créditos hipotecarios de difícil devolución tiene todas las papeletas para seguir en aumento. Una rebaja de medio punto en los tipos de interés oficiales tendrá cierta repercusión positiva en el coste financiero de esta deuda, aunque la mayor parte de los casos de insolvencia no se van a salvar por medio punto menos en los tipos de interés.
La situación que se abre ahora tiene aristas indudables. La primera de ellas será la defenestración definitiva de toda expectativa de recuperación del valor del dólar, en especial frente al euro. Un dólar en mínimos históricos frente a las divisas principales significa riesgos indudables de mayor inflación. El nuevo presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, es un apóstol más inclinado hacia la estabilidad de precios que hacia la expansión monetaria, pero las circunstancias que rodean ahora mismo su gestión le llevan por al camino contrario. Por ello, un dólar débil y con indudables riesgos inflacionistas es un riesgo real al que se ha de enfrentar la mayor economía del mundo en los próximos meses, máxime si en los mercados se trabaja con la hipótesis de un nuevo recorte de tipos de interés en la reunión de la Fed del último día de octubre.
Una segunda ronda de incertidumbres es la del desarrollo posterior de los acontecimientos, ya que si los mercados perciben que la Reserva Federal ha perdido el control de la situación, el asunto puede ser grave. Una bajada de medio punto de golpe es una decisión mayor, casi de emergencia, ya que lo normal es mover tipos de cuarto en cuarto. Medio punto de una tacada es un todo un gesto de autoridad o de desesperación. Si, encima, no resuelve casi nada, la cosa puede tener efectos devastadores para eso que se llama confianza de los agentes económicos y de los inversores. Los bancos centrales están para tranquilizar y encauzar crisis, no para externalizar el miedo y la preocupación.
De momento, las Bolsas reaccionaron bien al primer golpe, incluso las europeas, que lo han hecho a ciegas y a cuenta. En todo caso, lo que parece claro es que la alegría de vivir que respiraban los señores que están al otro lado de la ventanilla, en donde dan créditos, ya ha pasado a la historia. El crédito no está para broma y, por mucho que bajen los tipos, esta crisis se ha convertido en un ciclo acelerado de aprendizaje para el control de riesgos. Y si el crédito ya no va a fluir como antaño, con tanta alegría y sobre todo con tanta falta de control, una parte de la actividad económica global se va a resentir obligadamente.

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