Como consecuencia de su negativa y de su soberbia para no hablar con los que tenía que hablar en el PP, al presidente de los populares, Mariano Rajoy, le puede ocurrir lo que pasó al niño que se fue a Londres a estudiar inglés y le llamó a su padre desesperado: “papá inglés no aprendo y el español se me está olvidando”. Y el progenitor respondió: “regresa a España porque te vas a quedar mudo”. Pues algo así, porque ahora sabemos que, a pesar de la enorme expectación que levantó en el PP el anuncio de Rodrigo Rato de salir del Fondo Monetario Internacional, Rajoy en vez de volar a Washington para fichar a Rato de cara a las elecciones, como si fuera Kaká para el Real Madrid, no solo no hizo nada, sino que se escabulló y maniobró para ser investido candidato del PP, por si alguien pensaba moverle la silla. Y lo mismo hizo, en pasados meses con Gallardón, hasta el punto de presumir en privado que el alcalde nunca le ha pedido directamente a él —lo hizo en el foro de ABC ante muchas personas— un puesto en las listas al Congreso de los Diputados.

Tampoco habla mucho con Aznar, y en FAES cuentan que el ex presidente del PP y del Gobierno se guarda mucho de darle consejos porque más de una vez Aznar advirtió que eso no le gusta al soberbio Mariano, quien por otra parte en sus cuatro años al frente del PP no se ha dignado a tener una sola conversación con Francisco Álvarez Cascos, que algo sabe del PP, al que llevó en 1996 al triunfo electoral, lo que resulta asombroso. Como tampoco habla mucho con Jaime Mayor Oreja, o con Cristóbal Montoso, como despilfarró a Josep Piqué, y sigue sin decir ni pío sobre los posibles candidatos estrella de su partido, como las alcaldesas y ex alcaldesas notorias del PP como Barberá, T. Martínez, Rudí, etcétera. Porque el silencio es su ley y porque, copiando la máxima de Arzallus, se ha sentado a los pies del nogal a ver si Zapatero zarandea el árbol y el recoge las nueces que le lloverán del cielo como el maná, y entonces se van a enterar estos presuntos pesos pesados del PP quien es don Mariano, el de las calzas verdes el puro, el sombrero y la siesta en la chaise long.

Para que no se enfaden los de FAES por lo de la guerra de Irak, que tienen que rectificar mal que les pese, le vamos a echar una flor al pequeño Aznar, el de la sansónea melena para decir que si al día de hoy, y a pesar de los pesares, Aznar fuera el candidato del PP en los comicios de 2008 sus expectativas de voto serían, seguramente, mucho mejores de las de Rajoy. Y no porque el presidente tuviera más capacidad de penetrar en el centro político, sino porque Aznar si tiene liderazgo, tendría proyecto y equipos de primer nivel, y eso, en los tiempos que corren, es todo un capital. Y lo mismo pasaría con Rato y Gallardón, lo cual empieza a ser sorprendente y desesperante para muchos militantes y dirigentes del PP que no entienden lo que está pasando en la sede central de la calle Génova, donde para colmo Rajoy tampoco parece hablarse mucho con Zaplana, su hombre en el Congreso y solo se limita a debatir con ese genio de la política mundial que es Acebes, amén de pedirle algunas recetas de pastillas Juanola, para la afonía que lo dejará mudo, a Ana Pastor, y pare usted de contar.

Y si alguien le echa encara sus errores y su mutismo —cosas que todos hacen “por su bien”, que diría su abuelo— encima se enfada, y manda a sus pobrecitos publicistas con el cuento chino de que Rajoy es un experto medidor de los tiempos políticos, que es como pregonar que es un experto cazador de aves con lumbre, como toda explicación a su silencio, parálisis y a su convicción de que él es el único dueño del PP y que por eso puede hacer lo que le de la real gana y hablar con quien le plazca. Esa es, en el fondo, la cuestión, Rajoy no se cree el presidente sino el dueño del PP porque además cree que en las actuales circunstancias preelectorales nadie se va a mover. Empezando por él.