Los señores de la FED deben ver las orejas al lobo cuando deciden por unanimidad bajar los tipos de interés medio punto de una tacada. A eso se llama rectificar si rubor, de la expectativa de una política monetaria más dura, menos complaciente con la inflación, pasamos a otra con sesgo acomodaticio con mensaje de complicidad con el crecimiento.

Y si los sesudos expertos de la FED toman esa decisión es porque han encontrado razones para ello, porque en sus pantallas aparecen sesgos que justifican actuar inmediatamente. Dejar el tipo básico en el 4,75% no es acomodaticio, no es decididamente procíclico ya que la inflación anda por debajo del 3% y queda un margen de prima de riesgo del orden de dos puntos, que es razonable. Además no hay que olvidar que la tarea que la ley encomienda a la FED no es solo mantener estable la moneda sino también sostener el crecimiento y el empleo. Por eso la FED suele ser más activista que el BCE en sus políticas de tipo de interés.

La respuesta de los mercados financieros ha sido positiva, un voto de confianza, pero no hay que conformarse en el juicio con la primera respuesta, hay que esperar el análisis reposado y las respuestas en frío. Y hay que esperar también a conocer la profundidad de la crisis hipotecaria y su secuela de crisis de liquidez.

Una primera lección de esta crisis, que ya está anotada en el manual, es que la estrategia aplicada en la etapa Greenspan de tipos de interés bajísimos, nulos en términos reales, produjo consecuencias no buscadas de desprecio al riesgo con el colofón de las “subprime” corrompiendo el mercado primario y extendiendo la porquería más allá del océano.

Algunos apuntan que la FED volverá a bajar los intereses en octubre. Me parece mucho arroz y poco pollo, o al revés, antes hay que escuchar explicaciones más argumentados, la nota que acompañaba la decisión de ayer apuntaba vigilancia del nivel de precios como preocupación y por tanto cautela y puertas abiertas.

Y de la FED a Madrid, al gobernador del casón de la Cibeles y al inquilino de la Moncloa. El gobernador pasó la mañana en el Congreso para explicar como ven la situación las autoridades monetarias. Lo ven bien, pero con mucha cautela, a lo Solbes. Advierten contra la alegría presupuestaria, reclaman al gobierno que no se gaste el superávit antes de tiempo. Peor el de Moncloa tiene prisa, ha decidido gastar lo que no se gasta y hacerlo con su propia firma. El presidente anunció el cheque-bebe y ahora presta su palacio para presentar el gasto en vivienda social. Que quede claro quien firma el cheque.

En esto Zapatero se parece a Sarkozy, le importa una higa lo que digan los guardianes de la moneda, gobernar es gastar. A su favor queda que no s endeuda, que no sube los impuestos, pero gasta rápido, sin esperar más información cuando hay tormenta. Quiere ganar las elecciones, pero pudiera perderlas por imprudente, por manirroto, entre otras razones porque la gente no se chupa el dedo y recela de los dispendiosos. A favor de Zapatero cuenta que su adversario Rajoy le critica pero hace otro tanto, promete y se muestra más social aun que su contrario. Gobernar y gastar, para estos son sinónimos.

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