Las cajas, que aseguran que no tienen ningún problema de liquidez, se caracterizan por un perfil menos visible en todo lo que rodea la actual crisis financiera.
Ayer, la Confederación Española de Cajas de Ahorros (Ceca) salió a la palestra para defender la buena salud de sus asociadas. El director general adjunto de la patronal, José Antonio Olavarrieta, hizo hincapié en que el sector de las cajas ha sido “excedentario, tradicionalmente, en el tema de la liquidez” y desmarcó completamente la realidad española de lo que está pasando en bancos como el británico Northern Rock. En el sector, además, insisten en que, aunque las cajas lideren el ránking de titulizaciones entre las entidades españolas, su capacidad de financiación no depende sólo de este mercado.
En particular, inciden en que, ya desde el primer trimestre de este año, el fuerte crecimiento de sus depósitos ( un 34%) y la ralentización del crédito (un 25%) le permiten financiar su crecimiento apoyándose en el pasivo minorista. La realidad es que tanto los bancos como las cajas han estado, en el último año, compitiendo por los depósitos de los clientes y en ambos casos se ha notado en los volúmenes de crecimiento.
Pero las cajas sostienen tener una ventaja en este segmento: su arraigo al territorio y, consecuentemente, una cuota de mercado más elevada en estas zonas que los bancos locales con los que compiten. “Mientras haya actividad, nosotros nos financiamos”, dicen en el sector y añaden que, por el momento, las cajas no han detectado un parón del negocio, sino una ralentización en segmentos como el hipotecario, que es lo que las propias entidades estaban buscando ya que tasas de expansión próximas al 30% no eran sostenibles.
En síntesis, las cajas dicen lo mismo que están diciendo los bancos: si la crisis queda acotada a los ajustes que estamos viendo, no habrá problemas. Si fuera a más, nadie puede saber dónde se llegaría. Pero sus afirmaciones no estàn sujetas a la interpretación que quiera darles el mercado.
Cuando se habla de las posibles consecuencias que pueda tener sobre el sistema financiero español la actual crisis del crédito el discurso afecta, obviamente, tanto a los bancos como a las cajas. Y, sin embargo, estas últimas, a pesar de que copan más del 50% del mercado financiero español, pasan más desapercibidas en el revuelo, incluso mediático, que rodea la crisis subprime. La explicación es evidente: las cajas no cotizan. Y esto implica que se están ahorrando los bruscos cambios de humor del mercado que, a menudo, penaliza con violencia a los bancos por cualquier noticia o informe negativo que se difunda sobre el sector o las entidades.
El lunes, por ejemplo, un informe de Citi golpeaba fuerte a los bancos medianos españoles tras recortar sus perspectivas de beneficios por el encarecimiento de la financiación mayorista y la menor actividad en España. De las cajas, no hablaba. Pero estas entidades tienen rasgos comunes con los bancos medianos, como el hecho de haber crecido nutriéndose de las hipotecas. O la concentración de su negocio en el mercado nacional y minorista. O, también, el hecho de haber financiado su expansión, en los últimos años, mediante las titulizaciones, un mercado que, actualmente, está en horas bajas.
Pros y contras
En el contexto actual, por lo tanto, para las cajas podría ser una ventaja el hecho de no cotizar en bolsa (aunque su deuda si cotiza). Pero esta situación también tiene sus contras. Uno de los inconvenientes es que no pueden apelar al mercado en el caso de que necesiten capital. No pueden hacer ampliaciones, ni recurrir a sus accionistas.
Un antídoto pueden ser las cuotas participativas (una especie de acciones sin derecho de voto previstas para las cajas), ahora que Caja Mediterráneo ha roto el hielo y ha anunciado que recurrirá a este instrumento. Varias cajas han seguido su ejemplo y han admitido que están estudiando esta posibilidad. En el sector piden que no se relacione este cambio de visión con eventuales problemas de financiación y añaden que quizás, la decisión de recurrir ahora a las cuotas depende de que este instrumento se ha hecho más atractivo bajo el lado del precio, debido al encarecimiento de las otras formas de financiación.

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