Josu Jon Imaz y Josep Antoni Duran Lleida han sido y son noticia estos días. El presidente de los nacionalistas vascos abandona la política al no aceptar la decisión del lehendakari Ibarretxe de convocar una consulta sobre autodeterminación en el País Vasco.

Duran Lleida ha congelado encabezar la lista de Convergència i Unió hasta saber qué tiene que defender en el Congreso de los Diputados. Artur Mas, presidente de CDC, ha propuesto refundar el catalanismo abriendo un proceso que no se sabe hacia dónde conduce.

Los dos nacionalismos han colaborado con gobiernos socialistas o de derechas en España. Los dos son partidos democristianos. Los dos han tejido una red de relaciones internacionales y los dos se encuentran divididos en su interior.

Imaz ganó la presidencia del PNV con una corriente muy fuerte en su contra. Imaz exigía que ETA pusiera fin a la violencia antes de establecer cualquier tipo de diálogo. La corriente más soberanista, la de Ibarretxe y Egibar, no tenían inconveniente en que la banda terrorista se incorporara al proceso esperando que ETA acabaría disolviéndose y se incorporaría a la corriente central del nacionalismo vasco.

Ibarretxe y Egibar consideran que su proyecto puede llevarse a cabo al margen de la Constitución española mientras que Imaz se inclinaba por el "derecho a decidir" sin quebrantar la legalidad vigente.

El caso de CiU es muy distinto aunque el fondo del problema sea el mismo. La federación del nacionalismo centrista catalán, que ha gobernado durante 23 años, ya no cuenta con la presencia activa del fundador de Convergència, Jordi Pujol.

Su sucesor, Artur Mas, ha conseguido excelentes resultados en las últimas dos elecciones, la última la ganó también en número de escaños, pero no ha gobernado al no obtener una mayoría suficiente en el Parlament.

Pasó la presidencia Maragall después de grandes tribulaciones y ahora está en plena vigencia la presidencia de José Montilla. El nacionalismo de centroderecha, moderado, ya no gobierna en Catalunya.

El nacionalismo independentista de Esquerra Republicana está en el gobierno y no puede vivir sin proclamar de vez en cuando sus ambiciones soberanistas. La última propuesta es la de celebrar un referéndum de autodeterminación o independencia en 2014, al cumplirse los tres siglos de la derrota de Catalunya ante Felipe V.

En el nacionalismo catalán y el vasco se han movido las tierras. El catalanismo de Duran podría equipararse al de la Lliga de Francesc Cambó, un partido moderado y conservador, cuyas aspiraciones se concentraron en tres direcciones: autonomía para Catalunya, la unidad nacional catalana y la proyección de Catalunya sobre el Estado español en razón de su poder económico.

Duran Lleida no comparte la refundación del catalanismo porque entiende que su partido democratacristiano no quiere ser engullido por quienes quieren refundar el catalanismo y, de pasada, hacer hervir en la misma olla, sin sabores distintos, a CDC y a UDC.

Imaz se ha ido y Duran amaga con no liderar a CiU en las listas de las elecciones generales. Sería una ruptura de la federación. No se dan cuenta que estas divisiones internas en un partido con voluntad de gobierno son habitualmente castigadas en las urnas.

Prat de la Riva sostenía que las nacionalidades tienden a tener un Estado. Sólo hace falta, decía, que despierten a la conciencia de lo que son. El problema es saber hasta qué punto las dos sociedades son mayoritariamente partidarias de formar un Estado.

Por eso me parece oportuno que se averigüe cuanto antes. El actor Joel Joan proclamaba el 11 de septiembre a grito pelado que quería irse de España. Yo no tengo tanta prisa. Más bien estoy con las tesis que Rafael Jorba expresaba en su libro "Catalanisme o Nacionalisme", cuando decía que "no quiero irme de España; quiero que se vayan Aznar y todos aquellos que son cómplices de su descuartizamiento. Estamos ante la última oportunidad de poder vestir una Catalunya "lliure i plena", en el marco de un Estado español que haga de la aceptación de la identidad del otro el cimiento de su fortaleza".