A raíz de algunos comentarios poco caritativos sobre el aumento de mi perímetro ventral a lo largo del verano me he mirado al espejo y he tenido que admitir que tienen razón: mi silueta ya no es lo que era. Mirando a mi alrededor he visto que no soy, ni mucho menos, el único afectado por este fenómeno. Pero no busco consuelo en la extensión del problema sino que intento conocer su origen y buscar soluciones. En lo que a mí se refiere, he llegado a la conclusión de que este cambio se debe, sin duda, al abandono de algunos deportes rurales que hasta fechas no muy lejanas venía practicando. No hay duda de que debería retomarlos con moderación y quiero desde aquí animar a los demás afectados a probarlos.

El más importante del verano en cuanto a intensidad y número de participantes es la recogida de la hierba. Es este un deporte que puede ser practicado durante casi todo el verano por gente de todas las edades. Sólo se requiere un campo de dimensiones variables con un césped de una altura aproximada de medio metro y algunos útiles fáciles de conseguir. De todos modos, si no dispone de ninguna de estas cosas no es necesario que las adquiera de momento.

Lo mejor para iniciarse es unirse a algún equipo ya formado, que lo aceptará encantado con sólo acercarse y pedirlo. Los principiantes deberían empezar con un aparato similar a una T de madera con pequeños dientes en el travesaño que se llama garabato o con otro que es un palo de madera con dos o tres puntas metálicas en un extremo que se llama pala. Las instrucciones sobre su uso se las dará encantado cualquiera de sus compañeros más veteranos. Es más, si es usted de los que les gusta sudar la camiseta, lo invitarán a comer, a merendar y lo ficharán hasta que termine la temporada.
En los viejos tiempos, cuando se terminaban los torneos de hierba, empezaban los del trigo y, en especial, las mayadas, pero hoy en día casi han desaparecido de nuestros pueblos, de manera que se pasa de los fuertes deportes de campo a los suaves deportes de huerta hasta que llegan las patatas. Es este un ejercicio intenso aunque breve, que cuenta aún con gran número de aficionados. De hecho, es fácil reconocer en estas fechas a sus practicantes porque caminan levemente inclinados hacia delante con las manos apoyadas en los costados.

No pretendo agotar aquí el catálogo de deportes rurales que aún se conservan. Existen muchos, tanto de temporada como de cualquier tiempo. No requieren costosas instalaciones ni equipaciones de marca y los profesionales siempre están encantados de poder transmitir sus conocimientos a los novatos. Para toda aquella gente que abomina del pádel y demás inventos extranjeros, ésta es una alternativa autóctona, barata, natural y saludable, que permite quemar nuestros excedentes de calorías de una manera productiva. Si alguna vez me ven a mí o a algún otro disfrutando de alguno de estos ejercicios, acérquense sin temor, con mucho gusto les explicaremos las reglas de juego y les cederemos nuestro puesto el tiempo que haga falta.