Buenos dÃas nos dé Dios, de Javier Ortiz en su Web
Buenos dÃas nos dé Dios
El Estado español no se proclama laico, pero sà aconfesional. Es lo que viene a deducirse del artÃculo 16 de la Constitución, que es, por cierto, uno de los más confusos de ese texto legal, ya de por sà proclive a lo confuso. (Dice: «Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española». ¿Y de dónde se sacaron los constituyentes que la sociedad española, en tanto que tal, tiene creencias religiosas? ¿Y a qué obliga, en concreto, «tener en cuenta»? ¿No es tan posible tener en cuenta para bien como para mal? Etcétera.)
El Estado español pretende que es aconfesional, digo.
Madrugador impenitente (y la broma del adjetivo no es broma, en este caso), muchas mañanas, poco antes de que den las 6, me toca oÃr en Radio Nacional de España, que no escuchar, un miniespacio que se autotitula «Buenos dÃas nos dé Dios», en el que algún señor, por lo común sacerdote, siempre católico, se echa una parrafada proselitista digna de cualquier púlpito. ¿A cuento de qué? ¿Por qué, si el Estado se define como aconfesional, la audiencia de la radio de titularidad pública, a la que no hay por qué atribuir de antemano ninguna creencia religiosa, debe ser sometida (y además en ayunas) a ese intento sistemático de adoctrinamiento? No veo que haya nada que lo justifique pero, de haberlo, deberÃa aplicarse por igual a las diversas confesiones religiosas y, ya de paso, también al gremio de los agnósticos y ateos, a los que podrÃan asignarnos el espacio «Buenos dÃas no dé la vida… y no Dios, que no existe».
La explicación de tan irritante costumbre, sin correspondencia en «los paÃses de nuestro entorno» (que es como nuestros gobernantes llaman a la Europa rica, olvidándose de que Marruecos, Argelia y Túnez también están en nuestro entorno), hay que buscarla en algo tan simple como que siempre ha sido asÃ. La Radio Nacional de España actual lo heredó de la Radio Nacional de España franquista, y ninguno de sus directivos, desde 1977 hasta hoy, ha tenido la sensatez y el espÃritu libre necesarios para quitar de su programación diaria el absurdo sermón sectario.
Habrá a quien le parezca que la reflexión está traÃda por los pelos, pero a mà esto del «Buenos dÃas nos dé Dios» me parece un excelente reflejo de cómo fue la tan alabada Transición de la dictadura del 36-76 al régimen parlamentario actual. A falta de ruptura, hubo montones y montones de hábitos y costumbres del franquismo que se mantuvieron en la España subsiguiente. O sea, en ésta.
Y ahà siguen.
Post.– Me tendréis que perdonar, porque me es materialmente imposible responder a los correos electrónicos que he recibido en estos dos últimos dÃas. No podrÃa hacerlo ni aunque dedicara una jornada entera a ello. De modo que estoy obligado por las circunstancias a quedar muy mal.
Recuerdo que hace unos meses alguien me escribió una carta en la que me decÃa: «Si no le importa, diga a su secretaria...». Me entró un ataque de risa. ¡Mi secretaria! Yo soy mi propio secretario, y no doy abasto con las obligaciones que me impone mi jefe, que soy yo mismo (y que, como todos los jefes, soy un borde).
De modo que perdonadme y no toméis a mal mi falta de respuesta. Ya se irá tranquilizando esto y podremos escribirnos normalmente.
