LAS PERSPECTIVAS DE RETIRADA NORTEAMERICANA DE IRAK

Las cosas van tan bien que hace seis meses se necesitaron 30.000 soldados más, pero en el 2008 solo podrán irse unos miles

El general Petraeus ha intentado salir lo menos desairado posible de la misión que le encomendó George W. Bush, y que la CNN ha resumido con claridad meridiana: comprar tiempo. Si el Congreso le concediese lo que pide, el resumen es que en la próxima primavera, después de una reducción de tropas probablemente muy mediática, pero operativamente muy limitada, los efectivos sobre el terreno serán idénticos al de la pasada primavera, cuando el general pidió un incremento de 30.000 soldados para hacer frente al caos.

Pero la prestación de este leal general era previsible, pues este mes de septiembre había arrancado con un incremento notorio de las tensiones que este debate está generando en la política norteamericana. Aunque sería más ajustado decir que el debate no versa sobre Irak, sino sobre el desastre de Estados Unidos en Irak, y cómo salir de un dilema que en palabras de un miembro del Congreso se resume así: "No podemos quedarnos, pero no podemos irnos". Y una de las cosas que más llama la atención es que el debate tenga ya poco que ver con la política exterior de Estados Unidos, y mucho que ver con la política interior y el hecho de que estamos a las puertas de entrar en el último año de la presidencia de Bush, que según algunos (benévolos) será en su día juzgada por la historia, pero que según una amplia mayoría -dentro y fuera de Estados Unidos- está más bien vista para sentencia. Vean ustedes la encuesta mundial -en 22 países- de la BBC del 7 de septiembre.

Coincide todo ello con la inminente publicación de un libro sobre Bush (basado en largas entrevistas del autor con el presidente), en la que el primer mandatario parece reconocer que llora mucho y muy a menudo, pero que toma sus decisiones -y en particular la de invadir Irak- muy rápidamente. Algún comentarista ya ha señalado que hubiera estado mejor dedicar menos tiempo a las lágrimas y más a la reflexión, o si se prefiere, a la evaluación de la información que sí tenía, y que él y su equipo desoyeron o manipularon.

Y coincide con una profusa publicación de informes significativos sobre la situación en Irak que coinciden con hechos esenciales. El viaje del presidente a aquel país muy a comienzos de mes, donde estuvo seis horas, para llegar a la conclusión de que la situación está mejorando. De entre las pruebas de que la cosa va a mejor está la siguiente: algunas milicias sunís (hasta hace poco eran grupos terroristas), además de luchar contra las tropas ocupantes, también han tenido enfrentamientos con Al Qaida.

MIENTRAS,el día 8, el general Petraeus publicaba una carta a sus tropas (en su web oficial) en la que decía que "iría al Congreso consciente de los esfuerzos y de los sacrificios que -los soldados y sus familias- estamos haciendo". Pero añadía que "ha habido progresos tangibles... que sin embargo no han funcionado como esperábamos", y resumía su visión con un "los avances han sido desiguales". Curiosamente, poco después se filtraba a la prensa que probablemente propondría -como prueba de que las cosas mejoraban- una reducción de hasta 8.000 soldados la próxima primavera. Pero ahora tiene 168.000, después de un incremento de 30.000 decidido hace pocos meses (y que se completó en junio). Las cosas van tan bien que hace seis meses se necesitaron 30.000 soldados más, pero el año que viene, por cierto en plenas elecciones primarias en Estados Unidos, a lo mejor se podrán retirar unos pocos miles.

Mientras, la comisión independiente sobre la situación de la seguridad en Irak publicaba el 6 de septiembre que las fuerzas iraquís en ningún caso serían capaces de hacerse cargo de la situación en los próximos 12 o 18 meses, la policía nacional (iraquí) debería ser disuelta por su corrupción y su infiltración por diversas milicias y que un sistema de apoyo logístico (de Estados Unidos) al Ejército iraquí no se puede hacer efectivo antes de dos años. A esto le podríamos añadir las estimaciones de las agencias de inteligencia (informe de 23 de agosto), según las cuales el Gobierno de Irak está debilitado por la violencia y el sectarismo entre sus partidos políticos.

POR SU PARTE, el GAO (Government Accountabily Office), nombrado por el Congreso, publicaba el 4 de septiembre un informe según el cual "las autoridades de Irak han fracasado en 12 de los 18 objetivos políticos y militares fijados previamente, y que sus progresos son insatisfactorios", la violencia sectaria sigue muy alta y no está claro que vaya a disminuir, y la capacidad de las fuerzas de seguridad de actuar solas ha declinado claramente.

Mientras, la BBC y Opendemocracy.org ponen el acento en cosas que no dan titulares. Según Stuart Bowen, auditor general de la agencia de control de los gastos de reconstrucción en Irak, el descontrol real sobre el gasto y la corrupción imperante permiten hablar "del equivalente de una segunda insurrección". Y queda, según Opendemocracy.org, el tema de los refugiados y desplazados iraquís, "el objetivo olvidado", ausente de los debates en el Congreso, los informes de la Casa Blanca y los diversos organismos de inteligencia.

No cabe duda de que el general Petraeus, soldado de gran trayectoria profesional e intelectual (doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Princeton), es sobre todo un leal alfil, torre y caballo en la defensa de su jefe y de su no estrategia. Hay algo de injusto en ello, empezando por tener que obedecer órdenes absurdas.

Pere Vilanova. Catedrático de Ciencia Política de la UB.