SIN PERMISO

Algunos políticos no se van nunca. Otros, al marcharse, dejan la triste sensación de que practicar la honestidad, en ese oficio, no reporta beneficio. Son ya demasiados los que militan en el primer grupo de la transición a esta parte. Xabier Arzalluz es uno de ellos. Para él, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Josu Jon Imaz, en cambio, forma parte del segundo bloque. Si fuera cierto que para que haya ricos tiene que haber pobres, para que perduren determinados especímenes de la política, otros acaban por apartarse a un lado. Lamentos al margen, la retirada de Imaz supone que los peneuvistas retoman la senda radical, es otra inflexión en el balanceo del péndulo patriótico vasco, cuyas oscilaciones siempre han condicionado la política española.

La imagen del péndulo es propiedad de Santiago de Pablo, Ludger Mees y José A. Rodríguez Ranz, los autores de una recomendable historia del PNV titulada así, El péndulo patriótico. Sostienen que dos cosas han mantenido más o menos unido al partido durante años: el consenso sobre la idea de la nación vasca, combinado con una gran dosis de indefinición en todo lo demás. En esencia, la tesis se resume en que el PNV ha logrado permanecer tanto tiempo en el poder gracias a su comportamiento pendular. "Para mantenerse en equilibrio, ha tenido que hacer malabarismos", es decir, se ha ido acomodando a las circunstancias, con estrategias abiertas y flexibles, lo cual le ha permitido pactar con el PP y, poco después, pergeñar el acuerdo soberanista de Lizarra.

En el PNV han convivido líderes fieles a la idea de una autonomía reforzada tal como contempla la Constitución con otros claramente independentistas. Incluso esas dos almas -apunta el libro- han convivido en un mismo líder en más de una ocasión: "Sin llegar al extremo de un Monzón, que pasó de ser defensor de don Juan de Borbón a convertirse en el paladín de ETA, incluso Irujo, el líder más pragmático del PNV, defendió la independencia vasca durante la segunda guerra mundial".

La marcha de Imaz era lamentada hondamente por Josep Antoni Duran Lleida, líder de Unió, con razón, puesto que se intuye que el péndulo volverá a las andadas y el nacionalismo catalán, ya bastante ofuscado en estos momentos, puede tener tentaciones de imitarlo. Ibarretxe plantea un referéndum de autodeterminación para el 2009 y, sin frenos dentro de su partido, la fascinación por intentar lo que hasta ahora sólo ha esgrimido como aviso -o como cebo electoral según se mire- será fuerte. En Catalunya, ERC flirtea con una consulta en el horizonte del 2014. Por tanto, las tentaciones para Convergència aumentarán. Si la idea de Mas es ensanchar los márgenes de su partido convirtiéndolo en una amplia autopista por la que circulen todos los que se consideran catalanistas, Duran no tendría motivos para preocuparse. Si lo que se pretende es primar a quienes circulan por los carriles más rápidos, Unió acabará en la cuneta. Jordi Pujol podía circular por una vía u otra a conveniencia, pero dado que esa habilidad es difícilmente repetible, los experimentos pendulares mejor dejarlos para los expertos si no quiere uno acabar dando volteretas.

Los contactos de CDC

Convergència Democràtica continúa imparable con su propuesta de refundación del catalanismo. Artur Mas no tiene intención de que este asunto se convierta sólo en flor de un día, así que el próximo 6 de octubre los convergentes celebrarán un consejo nacional en el que la previsión es que se visualicen los contactos mantenidos con personas de la sociedad civil catalana interesadas en el proyecto, más allá de la entrevista ya publicitada con Pasqual Maragall.

Expectantes con Maragall

A propósito de Maragall, el ex presidente de la Generalitat pronunciará mañana una conferencia en el Parlament bajo el tentador título, para él, de La articulación territorial de España, dentro de unas jornadas de la Asociación Española de Letrados de Parlamentos. En el PSC están a la expectativa, dado que las últimas intervenciones públicas de su ex líder han resultado bastante comprometedoras.

Andalucía y Catalunya

Para el PSOE resultan claves unos buenos resultados electorales en Catalunya y en las capitales de provincia andaluzas. En éstas el PP ha logrado una buena entrada en las últimas convocatorias. Por eso no es de extrañar que se anuncien acuerdos económicos con Andalucía y Catalunya, basados en sus estatutos, sí, pero con la vista puesta en las elecciones generales previstas para marzo.