HOJEANDO ZAPEANDO

Cuando una pareja de médicos con buena presencia y una historia terrible -la de la desaparición de su hija de cuatro años- que contar, los McCann, decidió lanzar una enorme campaña mediática con asesores profesionales y el apoyo de figuras de talla mundial, se estaban asegurando una cobertura informativa y un interés popular como nadie había logrado desde Charles Lindbergh en el historial de los secuestros y muertes de niños. La historia misteriosa de aquella noche de primavera en un apartamento del Algarve contenía los elementos emocionales y morbosos que siempre rodean cualquier desaparición de pequeños. Pero la personalidad de los esposos McCann y su decisión de lanzar una campaña mundial en busca de la pequeña Madeleine multiplicaron los efectos de lo que debería haber sido un relato con interés en Portugal y en Gran Bretaña, y muy dudosamente en el resto del mundo.

Tras una etapa de búsqueda angustiada de misteriosos pederastas por media Europa, las filtraciones y -también- las puras invenciones de ciertos medios (como esa supuesta oferta de un trato por parte de la policía portuguesa a Kate McCann si refrendaba la versión de una muerte accidental de la niña, oferta totalmente desmentida después) le han dado la vuelta a la historia como a un calcetín. Tras ser declarados arguidos, o sospechosos oficiales, figura de Derecho portugués que el mundo entero conoce hoy, los McCann han pasado, de golpe, de héroes a villanos para alguna prensa senacionalista, tanto la británica como la lusa, y la cobertura en todo el mundo ha cambiado de tono.

Algunos podrán decir que, al elegir la magnificación y hasta exacerbación mediática de su caso, los McCann se hicieron responsables de lo que les está sucediendo ahora. Pero es demasiado fácil. Lo que está sucediendo, una vez más, es que para ciertos medios la presunción de inocencia, sencillamente, no existe. Pues incurren en una grave responsabilidad al adelantarse a los acontecimientos.

El especialista en sucesos de libertaddigital.com, Francisco Pérez Abellán, comenta así el extraño caso: «Tal vez sea el fondo de esa hipocresía social lo que reina estos días en la prensa: el estamento oficial dice por un lado que no tiene nada contra los padres y por el otro, y bajo mano, filtra noticias a cual más acusadora. Jóvenes, guapos y fervientes católicos: ¡hay que ver lo que jode!».

En el Correio da Manh lisboeta, el abogado y comentarista Jo o Marques dos Santos resumía así la terrible situación en que quedan los McCann: «La teoría de la presunción de inocencia para un arguido es una burla. Una fantasía con la que se pretende engañar a todo el mundo. Y que la realidad desmiente. Porque la declaración de arguido significa precisamente lo contrario: que alguien (inocente o no) es presumido por los investigadores ser un inculpado potencial. Con efectos sociales demoledores e irrecuperables».

Si al final son inocentes, o al menos no se prueba su culpabilidad, la prensa acarreará un pesado fardo...

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