El trípode sobre el que se sustenta el sistema energético y en particular el sistema eléctrico está formado por la seguridad del suministro, el respeto al medio ambiente y las implicaciones económicas. El grave episodio de interrupciones del suministro eléctrico en Barcelona en este verano invita a hacer algunas reflexiones.
La primera constatación es que la interrupción del suministro eléctrico trastorna de forma muy intensa la vida de los usuarios, de los servicios y de la economía. Las graves deficiencias en el suministro a las que nos referimos no fueron debidas a fallos en los sistemas de generación eléctrica, sino a la calidad y seguridad de la red de distribución, aspectos que deberán analizarse con rigor en las próximas semanas, al margen de las responsabilidades de los diversos agentes implicados. Además, como consecuencia de las decenas de sistemas de generación alimentados por combustibles líquidos, que fueron distribuidos por las zonas más afectadas, se produjo una perturbación sonora y una polución atmosférica que los vecinos han debido soportar. Finalmente las consecuencias económicas derivadas de dicha anómala situación son considerables.
En síntesis, una deficiente red ocasionó accidentalmente una falta de suministro que arrastró una perturbación grave en la vida ciudadana, en el medio ambiente y con daño a la economía de la ciudad. Como este acontecimiento ha coincidido con problemas en los transportes ferroviarios de cercanías, en la movilidad en algunas carreteras y en la fluidez del aeropuerto, el ciudadano del entorno de Barcelona puede tener la sensación de que se está afrontando una situación de inestabilidad inesperada y llena de incertidumbres. En este contexto, no debe ocultarse el hecho de que muchas infraestructuras, y también las del sistema eléctrico, se están mostrando insuficientes para responder a las exigencias crecientes de la población. Además de las deficiencias en dichas infraestructuras se ha de tener en cuenta un elemento fundamental cual es el relacionado con la calidad de la gestión de los diversos operadores, que exigirá analizar sus programas de mejora, sus planes de mantenimiento, de reposición de equipos y de seguridad frente a contingencias y a las emergencias, así como los elementos de control administrativo y de coordinación entre los diversos agentes implicados.
Estos aspectos han sido poco valorados, hasta el momento, por nuestra colectividad y en consecuencia por sus representantes políticos, que suelen ser mucho más sensibles a las actuaciones a corto plazo por tener mayor inmediatez y visibilidad, que las que son tangibles a más largo plazo. Hasta que la sociedad reclame mayor atención no sólo a la puesta en marcha de nuevas instalaciones, sino también a los aspectos de calidad de los servicios, no alcanzaremos a configurar una sociedad suficientemente madura como corresponde a su desarrollo económico. En consecuencia, no es de extrañar que, al margen de responsabilidades individuales o institucionales del momento, hayamos de estar preparados para afrontar nuevos sobresaltos en una estructura de servicios demasiado frágil. Esperemos, no obstante, que los acontecimientos de este verano horribilis,y en particular del episodio eléctrico de Barcelona, no se repitan y que sirvan al menos de estímulo para avanzar en la dirección señalada.
XAVIER ORTEGA ARAMBURU, catedrático de la UPC.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados