Música dulce contra los topillos, de Borja Domínguez en El Mundo
TESTIGO DIRECTO: VILLOTILLA (PALENCIA)
Este municipio de apenas 50 habitantes celebra el I Concurso de Flautistas de Hamelín con el objetivo de acabar con los animales que tantos quebraderos de cabeza están dando a los castellanoleoneses
La pequeña localidad palentina de Villotilla no reunía a tanta gente desde hacía muchísimos años. Sus poco más de 50 habitantes vieron cómo más de un centenar de personas se congregaba en su pueblo para un acontecimiento tan singular como reivindicativo: el I Concurso de Flautistas de Hamelín, convocado con la jocosa finalidad de acabar con la plaga de topillos que desde hace ya un año asuela los campos de Castilla y León.
Todo nació como una broma, como una invención para rellenar el programa de las fiestas de la Santa Cruz. Pero con el problema de los roedores en la primera página de la actualidad, no tardó en cobrar unas dimensiones inesperadas y en convertirse en noticia de ámbito nacional.
Los organizadores del certamen, los miembros de la peña UFO, la única del pueblo, no salían de su asombro ante la acogida de su propuesta y se esmeraron en recibir a los participantes de la mejor manera. Un total de 20 se inscribió poco antes de las 13.00 horas, cuando las pocas calles de Villotilla, muy cerca de Carrión de los Condes, en pleno Camino de Santiago, bullían con sonidos de fiesta.
Dos agrupaciones de dulzaineros de la provincia de Palencia, una de Venta de Baños y otra de Villamuriel de Cerrato, ponían el toque profesional. «Dulzaina o flauta dulce», explicaba uno de ellos ante las dudas del jurado.
Mientras, los niños, casi todos hijos de familias originarias de Villotilla, esperaban nerviosos el comienzo del desfile. «Yo no sé tocar la flauta, pero había que hacer algo para ayudar a esta gente a acabar con la plaga de topillos», aseguraba, instrumento en mano, Bonifacio Machín, un leonés que no quiso perderse la fiesta.
Encantados con la presencia de tanta gente en Villotilla, los vecinos ejercieron a las mil maravillas de anfitriones disfrazándose y animando la fiesta. Teodoro León, de 86 años y su hermana Lucila, también octogenaria, se colocaron pelucas de rizos dorados, y mientras él tocaba un tambor fabricado con el bombo de una lavadora, ella se levantaba la bata y enseñaba las medias.
Otro concursante había cuidado sobre todo el vestuario, con mallas, casaca y sombrero medievales, y un grupo de niñas disfrazadas de ratones, que le seguían a todas partes. Este ya llevaba algo ganado, porque la competición consistía no en quién tocaba mejor, sino en quién conseguía arrastrar más topillos, o en su defecto personas, hasta el río.
La prueba se desarrolló con gran expectación en el Perihonda, un arroyo cercano al pueblo, donde se congregaron los participantes. Allí, cada inscrito tocaba su melodía y a su son los que querían otorgarle su voto se sumergían; bueno, más bien se mojaban un poco los pies en el agua.
Los primeros en hacer sonar sus instrumentos fueron los dulzaineros de la Asociación Cultural El Cabás, de Villamuriel. Optaron por una pieza que era perfecta para la ocasión, aquella de «estaba el señor Don Gato...». La reacción fue casi inmediata y tres vecinos del pueblo se arrojaron al agua sin dudarlo, precedidos de uno de los músicos para dar ejemplo.
Después fueron un par de chiquillos los que de forma apenas audible se esforzaban por sincronizar sus dedos con los recuerdos de las lecciones de clase de música del colegio. Aplausos y algún chapuzón fueron su recompensa.
Dos dulzaineros de Venta de Baños y Baños de Cerrato se convirtieron, sin embargo, en los ganadores del primer premio: un viaje a Valladolid con todos los gastos pagados para visitar la Consejería de Agricultura y explicar a su responsable, la popular Silvia Clemente, cómo habían hecho para acabar con los ratones.
Por cierto, topillos de los de verdad no se vio ninguno en todo el día; a lo mejor, como reconoció uno de los dulzaineros, habían huido espantados por la mala música que salía de algunas flautas.
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