LAS AFUERAS
La gente normal es muy extraña: al parecer queda fascinada por el mundo íntimo de la gente extraordinaria (cualquiera de cuyos miembros no puede recibir mejor halago que éste: «Es una persona normal», por ejemplo cuando se dice eso de, no sé, el Rey, El Presidente o La cantante calva, para compensar quizás el hecho de que no hay mejor halago para una persona normal que decir de ella que es 'extraordinaria').
A la gente normal, a la que le gusta zambullirse en 700 páginas de mala novela sobre un secreto esotérico e inverosímil, le ponen las fotos de los famosos en las que se los ve haciendo cosas normales que no suelen fotografiarse para poner de manifiesto que, en el fondo, son normales. De esa paradoja viven las fotos inventadas de Allison Jackson, una experta bromista que debe pasárselo bomba ideando sus instantáneas.
Richard Gere y el Dalai Lama cenando en un bar de striptease, o tomando el aire en una pradera (y el actor le ofrece un trozo de hamburguesa al monje); Jennifer López haciéndose una liposucción; Beckham ojeando una revista sentado sobre el trono del cuarto de baño; la reina de Inglaterra pidiéndole a su mayordomo que robe unas florecillas para ponerlas en la tumba de Diana; la mujer del príncipe Carlos probándose la corona de reina: todas las fotos de Allison Jackson tienen los bordes afilados por la ironía, y buena parte de su trabajo consiste en buscar modelos que se parezcan a los personajes famosos a los que quiere retratar en situaciones que, si bien no son especialmente comprometidas a menudo son grotescas (las de Elton John vestido de novia, las de Eminem masajeado por un chulo de gimnasio).
Confidential, publicado por Taschen, recoge una larga serie de escenas que, a cambio de presentarnos a una cabalgata de famosos en situaciones a veces normales y otras no tanto -la fotógrafa se ceba con unos más que con otros: Michael Jackson es de los peor parados- pretende que, al final, el extraño sea el que se ha asomado a todas esas fotos que, ciertamente, poco nos importaban y poco nos han dicho de sus personajes, aunque nos hayan susurrado algo acerca de nuestra pobre condición de seres normales.
Allison Jackson cuida mucho la puesta en escena de sus fotografías: sus precavidas insuficiencias nos quieren convencer de que han sido tomadas con toda la prisa y la lejanía oculta de un paparazzo que estaba esperando desde el día anterior para tomar la importante instantánea de una Paris Hilton a la que le regalan el carné de conducir por lo bien que se sienta al volante.
En uno de los textos con que se cierra el volumen, Will Self recuerda una frase de John Updike según la cual la fama es una máscara que corroe el rostro de los que se la ponen. Es una de esas frases imponentes que quedan muy bien dichas en una discusión de sobremesa, y que cuenta con tantos casos descritos en biografías que puede que sea imposible abatirla.
Pero el libro de Allison Jackson se esfuerza en ridiculizar la insustancial costumbre de la gente normal de interesarse por las minucias escabrosas o cotidianas de esas máscaras. Su fuerza reside en que, en el baile de disfraces del mundo de los famosos, subraya la condición de monstruos de quienes asisten a él desde los palcos, encantados de hacer de alguna nadería -los perritos de la reina de Inglaterra, la piel de Halle Berry, los baños de Madonna- un asunto de suma importancia.
© Mundinteractivos, S.A.

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