EL CONFIDENTE

“Estoy que lo tiro, señor”. Al mercadillo de José Luis Rodríguez Zapatero se le ha ido la mano de tanto anuncio con tufillo electoral. El pasado sábado, el primer periódico de pago español, El País, salió a toda plana con una exclusiva de lo más jugosa: el Gobierno estudiaba una batería de ayudas para aquellas personas que no pueden pagar su crédito hipotecario. Tamaño scoop provocó dos milagros: que Pedro Solbes y Carme Chacón coincidieran en desmentir este anuncio, por separado, y que La Moncloa se pusiera a trabajar a toda máquina un sábado.

Solbes y Chacón orillaron así sus desencuentros, surgidos porque la ministra de Vivienda presiona para lograr unas ayudas generosas al alquiler de vivienda para los jóvenes y el vicepresidente económico quiere cortar la escalada de ofertas de sus compañeros de Gabinete, encabezados por el propio ZP.

Fue un asesor del presidente quien filtró la información, que fue difundida conforme a la línea editorial en boga, una suerte de Nuevo Periodismo Español -si una fuente revela algo, mejor no comprobarlo no vaya a ser que lo desmientan-, que hace estragos en las nuevas generaciones de periodistas (y no tan nuevas) y de la que no se libra nadie.

En La Moncloa bramaban el sábado contra el filtrador. Cuentan que, cuando se le pidió explicaciones, el asesor pillado en falta les replicó que no entendía de qué se quejaban, si la noticia era beneficiosa para el Gobierno y para Zapatero.

Por cierto que el Ejecutivo socialista ha logrado otro milagro: anunciar como medidas sociales para modernizar España lo que son en realidad incumplimientos de sus promesas. Un ejemplo paradigmático es el plan de dentista gratuito para los niños. Figura en el programa del PSOE de 2004 y, además, esta incluido en la carta de servicios del Sistema Nacional de Salud, la lista de prestaciones que deben proveer a los ciudadanos todas las comunidades autónomas. Por no hablar de las promesas en materia de vivienda. Pero, en tiempo preelectoral, el mercadillo bulle y bulle: “Que me lo quitan de las manos, señora, que me lo quitan de las manos”.