Las coherencias de Estados Unidos, de Carlos G. Reigosa en La Voz de Galicia
Con frecuencia se ha acusado a Estados Unidos de carecer de una política coherente en Irak. Lamentablemente, la realidad es que ha aplicado muchas políticas « coherentes» , y a la vez contradictorias, que han conducido al desastre actual. Primero se impuso la teoría de que ocupación y liberación eran dos conceptos equivalentes y simultáneos. Así lo sostenía el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien todavía ahora, ya fuera de su cargo, sigue creyendo que no falló su teoría, sino el pueblo iraquí.
Después llegó el gestor Paul Bremer y no se le ocurrió mejor idea que eliminar los restos del aparato de gestión del Estado y desmantelar el Ejército heredado de Sadam Huseín. Se deshizo así de quienes garantizaban el funcionamiento de la Administración y el orden. No eran de fiar, según su «política coherente», y los sustituyó por otros que no tenían ni remota idea del interés general y sólo servían a los suyos (es decir, a sus tribus o a sus correligionarios). Con lo cual todo fue coherentemente a peor.
Se relevó a Paul Bremer para desarrollar una nueva «política coherente»: derrotar a Al Qaida militarmente y empezar a delegar poderes en las zonas pacificadas o menos conflictivas, de paso que se impulsaba el proceso democrático en todo el país. Pero fallaron dos cosas muy importantes: ni tenían enfrente solo a Al Qaida ni era posible improvisar un Gobierno de concentración cuando chiíes y suníes se estaban despellejando. Alguien se había equivocado de nuevo con tan generoso planteamiento.
La siguiente «política coherente» de la Casa Blanca fue abrirse a los iraquíes en confrontación y conseguir que casi todos rechazasen a Al Qaida. No fue un mal paso. Pero habían impulsado la formación de un Gobierno en Irak (el actual), que ya es criticado por Bush y que no entiende en qué consiste la nueva «coherencia» de EE.?UU.
Es esta acumulación de «coherencias» la que, paradójicamente, vuelve por completo incoherente la política americana en Irak. Y aún habrá más. Porque ahora a las ocurrencias correctoras de la Casa Blanca se suman las promesas de los demócratas ante las próximas elecciones. Todo menos buscar la salida correcta. Que sería lo coherente.
