MARIA-ÀNGELS ROQUE - En las últimas elecciones de Marruecos se sabía que, de los treinta y tres partidos que se presentaban, los cinco que han llegado en primera posición eran los favoritos, pero no se sabía el orden de llegada. En Europa ha desconcertado que los islamistas no hayan sido los primeros, las televisiones marroquíes informaban poco por miedo a ser consideradas partidistas, mientras que las cadenas internacionales con gran audiencia en Marruecos privilegiaban la información del lado de los islamistas moderados. Ahora se minimizan las elecciones por la gran abstención, cosa que no se le hace a Estados Unidos donde el grado de participación ciudadana tampoco ha sido mucho mayor en la última década.
La transición democrática en Marruecos, aunque más lenta de lo que se desearía, está resultando un buen ejemplo dentro de la zona magrebí; claro que el modelo no sale de la noche a la mañana y tiene que ver con su propia historia. El pluripartidismo en Marruecos aparece tras la independencia, contrariamente a Túnez o Argelia, donde se instalaron los partidos únicos. La monarquía configura desde el primer momento un espacio pluripartidista no sin tensiones, ya que el partido nacionalista y panarabista Istiqlal, de fuerte implantación urbana, intentaba también conseguir la plaza de partido único, por lo que Mohamed V recurre a los notables rurales.
El Movimiento Popular ya existía en la época de la resistencia, algunos de sus líderes formaron parte del Ejército de Liberación; entre ellos se encontraban bastantes bereberes, especialmente de la zona del Atlas como el propio Mahjoubi Aherdan y el doctor Abdelkrim Jatib. La posterior maniobra de atomización de los partidos fue alentada de forma que ninguno sobresaliera; no obstante, introducir el estatuto de la oposición ha sido un elemento con el que se ha tenido que contar en el juego de las alternancias. El antropólogo Jonh Waterbury utilizó la teoría de la segmentariedad para describir en los años setenta el sistema del mazjem con los partidos políticos, de la misma manera que lo hacía con anterioridad con las tribus, un juego de pesos y contrapesos que se neutralizaban entre ellos.
Al hablar de las elecciones del 2007 se creía que en las zonas rurales no se votaría, sacando la información de pequeños duares que con razón están escarmentados de la ineficacia política y así lo declaraban, como de algunos colectivos amazig. Seguramente esto ha influido, pero hasta cierto punto; pensemos que ha habido mayor participación en las zonas rurales, con un 43%, que en las zonas urbanas, con sólo un 30%, siendo aún menor en Casablanca. Así tenemos que el Istiqlal consigue 52 escaños; el PJD, islamista moderado, 47, y el Movimiento Popular, 43.
Denominado berberista y rural, el actual Movimiento Popular es la suma de tres partidos que tras dificultades volvieron a unirse en marzo del 2006. Pero el Movimiento Popular tiene una dimensión más amplia que la estrictamente rural, aunque la zona rural es el gran reto marroquí, donde se encuentran serias diferencias comparativas con las ciudades: problemas de analfabetismo, electricidad, carreteras, agua potable, sanidad, empleo. De hecho, son las asociaciones civiles las que están llevando a cabo el trabajo y hay una parte práctica que ve la necesidad de conseguir fondos públicos y privados para el desarrollo local. En mis viajes me sorprendió que mujeres urbanas, empresarias y vinculadas a asociaciones votaran este partido, lo que es comprensible tras las diversas corrientes más jóvenes que proponen una descentralización con recursos económicos y ponen énfasis en proteger la pequeña y mediana empresa, así como en la formación para crear empleo.
De hecho, a pesar de que Aherdan, el líder histórico, ha sido dos veces ministro, se ha mordido la lengua menos que otros y nadie le niega su capacidad política para saber cuándo ha de apretar o ceder en sus planteamientos. Partido liberal de carácter centrista que como he dicho seduce a amplias franjas sociales, en su programa siempre ha estado el tema bereber pero dentro de un Marruecos unido y leal al Rey. Es evidente que en los últimos años han aparecido nuevas plataformas, más a la izquierda y de carácter independentista, pero el hecho de asumir desde el inicio la visibilidad de la cultura bereber propia de Marruecos, propiciando el aprendizaje de la lengua tamazig y la televisión, contrariamente a lo que hacía el Istiqlal, ha sido un referente de continuación importante. Hoy prácticamente todos los partidos tienen asumido que Marruecos tiene un importante componente de cultura amazig, desde los socialistas e incluso los islamistas que en este aspecto no son menos berberistas que el Istiqlal.
MARIA-ÀNGELS ROQUE, antropóloga. Autora de ´La sociedad civil en Marruecos´, Ed. Icaria (2002).

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