El presidente del patronato pone su cargo a disposición de Cultura, tras 10 años en el museo

El Museo Reina Sofía ha iniciado de lleno un necesario plan renove. A la dimisión de la directora del centro, Ana Martínez de Aguilar, se suma ahora la del presidente del patronato de la institución, Juan Manuel Urgoiti (Madrid, 1939), al frente del órgano de gobierno del museo desde diciembre de 1997.

Es el segundo de una serie de cambios en el organigrama de la institución, necesarios para cumplir los objetivos que el Ministerio de Cultura se ha marcado con el fin de devolver al centro la vitalidad que desde hace tiempo reclama dentro del circuito museográfico internacional, de donde ha quedado descolgado. La situación del Reina Sofía se hizo más acuciante aún tras el largo y complejo proceso de ampliación diseñado por Jean Nouvel, rematado en septiembre de 2005 con un coste de 92 millones de euros y que sumó un 60% más de superficie al museo.

La renuncia de Urgoiti, presentada a César Antonio Molina hace varios días, como ha podido saber EL MUNDO, puede acelerar también el futuro de algunos de los patronos del museo. Según uno de ellos, «la situación dentro es muy difícil, todo está patas arriba, y eso provocará también que el concurso internacional de ideas [enfocado a miembros de la UE], resulte más complicado de lo que pueda parecer».

Quizá sea el momento de remediar algunos de los aspectos del órgano que hasta ahora presidía Juan Manuel Urgoiti, donde no figura ni un historiador del arte, aunque sí cuenta en su escudería con empresarios, políticos y coleccionistas.

En los 10 años que Urgoiti ha formado parte del patronato del Reina Sofía han pasado por Cultura cuatro ministros: Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy, Pilar del Castillo y Carmen Calvo. Y otros tres directores al frente de la institución: José Guirao, Juan Manuel Bonet y Ana Martínez de Aguilar.

La salida de Urgoiti, que hasta ahora había dado muestras de manejarse extrañamente bien en las distintas aguas del temporal político, impone un ritmo de urgencia en las necesarias reformas que exige el Reina Sofía, pues el concurso internacional de ideas impulsado por el equipo de Molina -dentro del Plan de Modernización de Instituciones Culturales- no puede ser culminado, según está concebido, sin un patronato pleno y cohesionado que apuesta por la recuperación de la institución afectada.

Algunas de las directrices que serán guía de las decisiones del Ministerio de Cultura en todos sus frentes abiertos serán conocidas hoy. En lo que afecta al Reina Sofía, los cambios y novedades requieren una cierta premura para emprender además el inaplazable proceso de cambio de marco jurídico del centro, que está previsto que culmine en 2008 con la conversión del museo en agencia estatal, lo que garantizará una mayor autonomía a la institución, siguiendo el modelo del Museo del Prado. Un paso imprescindible, también, para afrontar otro de los retos de la institución tras el aumento de espacios: más profesionales en todas sus áreas.

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