La Coctelera

Reggio

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14 Septiembre 2007

Soledad y colesterol, fiebre del sábado noche, de Anna R. Alos en El Mundo de Cataluña

SEXO EN BCN

Pensar en voz alta aclara dudas, y algo así pasó hace tres días en la cocina de mi casa, lugar en que el intercambio experimental se intensifica. Era la noche más placentera de la semana, la del sábado, porque me niego a salir y correr riesgos como toparme con restos de Woody Allen y caer en la tentación de pedirle una mirada, algo sin duda más valioso que su autógrafo.

Estaba, pues, en mi cocina con el pelo recogido en una pinza y rellenando unos huevos duros sin saber que iba a compartirlos con Carmen, que se presentó de improviso. Está en periodo de luto emocional y dijo acerca de su reciente ex: «Le echo de menos los viernes al salir de la peluquería. Le llamaba y decidíamos en qué casa, la suya o la mía, pasaríamos el fin de semana. Ahora voy directamente a la mía con una melena estupenda y me cuelgo de Imagenio».

En ese momento me di cuenta de que yo también llamaba a mi ex -¡qué lejos queda ya, y aun así es el último ex!- al salir de la peluquería. El insistía en acompañarme y recogerme en un control exhaustivo sobre mis horarios que yo, ingenua, atribuía a los celos incluso después del primer año de relación, cuando la intensidad desciende y la poesía se convierte en prosa. Al transmitir Carmen su síndrome de ausencia por una simple llamada, me di perfecta cuenta de que el control del que entonces era mi novio no era por celos, era para tener un horario propio y así ponerse de porros hasta la rabadilla para justificar su vagancia congénita.Até cabos y supe que por la misma razón, durante toda la relación controló mis horarios en cualquier tarea, incluso en el paseo del perro. ¡Cinco años pensando que el amor le había rehabilitado de porros y vagancia! ¿Cómo se puede parecer lista y ser tan estúpida? De nuevo me alegré de haberle hecho yo misma la maleta.

Pensando de nuevo en voz alta con Carmen, me di cuenta que, si no soy capaz de iniciar una nueva relación, no es en absoluto por miedo al compromiso o al posible dolor, sino por pánico a perder la situación de bienestar en que me encuentro. ¿Enganche a la soledad? Es posible, pero ella, la tan temida dama con nombre de mujer es como el colesterol: la hay buena y la hay mala. Y como el colesterol, si es mala hay que tenerla controlada por si ataca. Pero si es buena, ¿para qué temerla? Qué lejos quedan también los veranos happy family del «hoy cenamos con » o «mañana llega tu madre». ¡Qué pereza pensar en las piscinas de la montaña o los flower power de playa!

No sé qué tiene mi cocina que aclara ideas. Antes de ser mi casa fue una pollería de la que conservo unos clavos en las vigas de los que colgaban los pollos y ahora cuelgan emociones. No sé qué tiene, pero en mi cocina se atan cabos y se nivela el colesterol.

© Mundinteractivos, S.A.

Tags: anna r alos

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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