FUERA DE FOCO
No hay nada como que te nombren ministro al borde justo de unas elecciones. Que se lo digan a Elena Salgado: se ha pasado tres años adoptando medidas impopulares como la ley Antitabaco para que luego nombren a un sucesor que en la recta final llega como los Reyes Magos, "cargadito de juguetes, para al niño entretener", como dice el villancico. En apenas dos meses, Bernat Soria ha instaurado la vacuna universal contra el cáncer de cérvix y ha prometido dentista gratis para los niños. De la ministra de Vivienda se esperan agradables sorpresas en la misma línea, pero se hace esperar.
Entre tanto, Solbes se revuelve en su sillón, desde donde ve cómo se le van abriendo frentes: la crisis internacional causada por las hipotecas de alto riesgo, la reticencia de los necesarios socios parlamentarios, que pedirán la luna -y un huevo duro- para apoyar los presupuestos, y ahora su propio gobierno, jaleado por el presidente y la vice, trabajando a toda máquina para ofrecer a la opinión pública no leyes antitabaco, sino ayudas por niño, por vivienda, por dentista, y lo que se tercie: súmenle la subida de las pensiones -un compromiso del propio presidente- y la del salario mínimo interprofesional, que reclaman los sindicatos, y se darán cuenta de que, incluso con superávit, las cuentas serán difíciles de cuadrar.
Solbes sabe que la época de vino y rosas se acerca a su fin, que el consumo interno se va a ver afectado no sólo por la crisis hipotecaria, cuyas consecuencias aún estamos lejos de prever, sino porque nuestro país entra en una fase de fin de ciclo. Zapatero hace como que no se entera, porque cumple con su papel de campeón de la España próspera, en la que la gran mayoría ha tenido oportunidad de crecer y de gastar. Con las elecciones a punto de caramelo, hace bien en dejar que sea la oposición quien se encargue de subrayar los nubarrones en el horizonte. Pero el vicepresidente económico, que ha dejado claro por activa y por pasiva que el fin de legislatura será su momento de hacer mutis por el foro político, no se siente tan atado por un guión preelectoral diseñado para demostrar que el Estado tiene los bolsillos llenos y dispuestos a gastarlos generosamente.
El mundo de Pedro Solbes se rige por otras reglas: fíjense en el gobernador del Banco de Inglaterra y su reprimenda a los bancos por arriesgarse demasiado. No piensa bajar los tipos de interés, porque cree que son las entidades las que deben afrontar el hecho de que han apostado fuerte para ganar mucho y ahora no pueden pedir ayuda. Mervyn King aporta una perspectiva interesante: los mercados internacionales pueden capear razonablemente esta crisis, pero si los bancos siguen en la misma línea temeraria, el próximo crac será ingobernable: así que el árnica, que se la apliquen ellos. El mensaje puede trasladarse al resto de los mortales: durante años hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, así que ahora toca apretarse el cinturón y llorar lo justito, pero sin dramas.
Será interesante saber qué proponen Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy para capear los tiempos que vienen: a ver si conseguimos enterarnos, en medio de tantas bobadas, tanto Manolo el del Bombo y tantos gobiernos -cincuenta- que pudieron haber sido, pero no fueron.
¿Locos o qué?
Prensa, radio y televisión se volcaron con la despedida de Imaz; todo lo dicho y escrito parecía un sentido y descomunal obituario. Quizá haya sido ése el punto flaco del todavía presidente del EBB; su buen cartel en el resto de España. "¿Nos hemos vuelto todos locos o qué?", se preguntó cuando ETA puso una bomba en la T4, mató a dos inmigrantes y siguió hablando de tregua. El fracaso del proceso de paz se ha cobrado su primera víctima.
Parto natural
No hace tanto, en los hospitales de la Seguridad Social no se podía pedir anestesia epidural: había que parir con dolor. Ahora que ya está generalizada, aumentan las mujeres que la critican y abogan por partos más naturales: el nuevo ministro Bernat Soria debió de oírlas, porque se ha comprometido a fomentar la participación de la mujeres en el paritorio. Otras voces prestigiosas, como la del ginecólogo Santiago Dexeus, se han mostrado muy críticas con el parto "natural".
Merkel y Sarkozy
El incipiente romance político entre la canciller alemana y el presidente francés podría naufragar por culpa del impetuoso Sarkozy. Impetuoso en su manera de recomendarle que deje de oponerse a la energía nuclear e impetuoso en las formas: Angela Merkel confesó a sus ayudantes que se sentía molesta por la insistencia del francés de besarla y tocarla en público, frente a las cámaras.

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