LA GRADA DE LOS LEONES
Si José Luis Rodríguez Zapatero creía que cuando llegara el otoño la fortuna le sería propicia puede haberse equivocado porque ayer, en la primera sesión de control, el banco azul se convirtió en un diván donde le recordaron que si piensa enviar sus embaucadores y charlatanes a buscar votos, no debe salirse de las normas de los turroneros de feria.
Nuestro presidente es como un vendedor de biblias en las que se cuenta siempre el Diluvio de José María Aznar, pero nunca el Apocalipsis de ETA ni de la España plural. Había ordenado a sus ministros crecepelos, magos de ungüentos y potingues populistas, que anunciaran a los españolitos que vienen al mundo que cuando abran el puño van a encontrar 2.500 euros del ala; cuando se les caigan los piños por mentir, les van a poner palas nuevas a cargo del presupuesto; cuando vayan a la escuela, se van a poder hacer gayolas en el recreo; cuando ingresen en el instituto, van a pasar de curso con cuatro calabazas, y cuando consigan un chochete, les va a regalar a cada uno un piso el presidente de los andaluces, que se llama don Manuel Chaves, que es el presidente del partido de los milagros.
Pero ayer Mariano Rajoy, citando a Pedro Solbes, le advirtió al presidente del Gobierno que si quiere bailar el pasodoble del socialismo de los piños y los chiribiques que baje la retención a los trabajadores. Los empresarios españoles obtienen el 70% de beneficios, mientras que los europeos no llegan al 30%. No se puede, señor presidente, ronear de socialismo encantador y no actuar cuando las clases populares están perdiendo poder adquisitivo. Si usted quiere hacer política social, transfiera la morterada que han ganado los multimillonarios españoles a los currantes. Ahí tiene los impuestos, que, como dijo Caldera, son el socialismo del siglo XXI. Para hacer lo que prometen los ministros crecepelos, habría que tener un Gobierno que combinara el socialismo búlgaro, el peronismo de Evita y la justicia social del león de Fuengirola.
Con la economía en una fase maniaca, sólo le faltaba a Zapatero, para la traca de otoño, el envenenamiento de los ensueños, la periferia y la degollación de Imaz. En el País Vasco han ganado los patriotas de lo pequeño. Lo dijo Isaac Newton, después de comerse la manzana: puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente. La locura de los nacionalistas es insondable y todo es posible después de haber visto a Pujol y a Maragall, hasta hace unos minutos hombres de Estado, aprovisionándose de latas de gasolina.
La solución de ETA, tal vez ya no pasaba por el PNV de Ibarretxe, pero sí por el PNV de José Jon Imaz, ni michelín, ni fundamentalista, un demócrata que no tiene nada que ver con «los hijos de puta de la boina», como los definió Pío Baroja.
Imaz, la gran apuesta de Zapatero en el País Vasco, ha naufragado. Lo que fue la anunciación de la España plural es apenas una horda de predadores que sitian al Estado dinosaurio. Navarra, la otra apuesta, se le vuelve del revés, porque el socialismo navarro se disuelve. Es posible que no saquen ni un solo diputado en las elecciones generales.
Al punto de ser localizados los jefes históricos de ETA, con la organización infiltrada hasta los baúles, cuando Cuba les da el ultimátum, cuando apenas les queda sacar una bandera blanca, sin posibilidad alguna de hacer un relato aseado de su rendición, cae Imaz. Tiene razón Rajoy: es malo para España.
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