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13 Septiembre 2007

Una ponencia que viene, un presidente que se va, de Joseba Arregi en El Mundo

TRIBUNA LIBRE

La coincidencia entre ambos, entre la ponencia de síntesis del PNV y el presidente Josu Jon Imaz que se va, no es tal: es evidente que existe una relación estrecha entre los dos acontecimientos. La interpretación más a mano es que Imaz se va porque no ha conseguido que la ponencia política presentada a debate a las bases del PNV recoja su apuesta por la renovación del planteamiento político nacionalista. Y no lo ha logrado porque el líder institucional, el lehendakari Ibarretxe, está en contra de esa renovación y cuenta con el respaldo de sectores importantes dentro del Partido Nacionalista Vasco.

El borrador de ponencia política ha sido elaborado y aprobado por una ejecutiva del PNV, el EBB, presidida por el propio Imaz. Cabe preguntar cómo ha colaborado en la aprobación de un documento que no asume y que, en definitiva, contradice lo que él ha venido planteando en sus últimos artículos de prensa. Y la respuesta radica en la fuerza que poseen la necesidad de unión interna y el fantasma de la escisión en el imaginario nacionalista.

No existe nacionalismo vasco sin historia de sus propias escisiones. Le acompañan desde el momento mismo de su nacimiento. El propio fundador, Sabino Arana, se escinde con su giro españolista, proponiendo a su partido luchar por la autonomía en una España federal. Pero en el PNV -y es algo que vale para el conjunto del nacionalismo-, la unidad sólo se puede conseguir al precio de la radicalidad. Es el único denominador común aceptable para poder articular la unidad.

El portavoz del PNV, Iñigo Urkullu, ha afirmado en los últimos días que la nueva ponencia engarza perfectamente con los anteriores documentos aprobados por el partido. Lo que sucede es que todos los documentos del PNV son un ejercicio en la ambivalencia, en la ambigüedad, en el arte de decir una cosa y la contraria sin que parezca que se contradicen. Es lo que permite que sus portavoces puedan afirmar que los nuevos documentos siguen la senda de los anteriores. Y es lo que permite que todas las tendencias puedan afirmar que se ajustan al canon de la ortodoxia.

En la nueva ponencia que el EBB propone a sus militantes para el debate no se fija fecha para la consulta popular. Ni tampoco se especifica el contexto en el que ésta pueda tener lugar, con o sin violencia. Se afirma la conveniencia de que la consulta popular vaya precedida de un acuerdo transversal entre partidos políticos de distintas sensibilidades. Es decir: que no sea un acuerdo sólo entre nacionalistas.

Pero se afirma también que si se produce un bloqueo, bien en Euskadi, bien en el Congreso de los Diputados, la consulta puede efectuarse sobre lo que el Gobierno vasco considere oportuno. Ello da a entender que la responsabilidad del bloqueo va a recaer siempre en los partidos de ámbito nacional o en las instituciones que representan al conjunto de España. Pero oculta que el bloqueo está preprogramado, pues no dice en ningún momento a qué está dispuesto a renunciar el nacionalismo en aras del acuerdo transversal. Basta con poner el listón muy alto para que el bloqueo se produzca necesariamente. Y, a continuación, poner a consulta el listón que ha servido para provocar el bloqueo.

Como dice en otro momento la ponencia, se trata de recuperar la soberanía del pueblo vasco, una soberanía que en esos términos no ha existido nunca, pues los territorios vascos -nunca Euskadi- contaban con los fueros, indicativo de que no se pensaba en categorías modernas de soberanía. Pero todas las propuestas que vienen del PNV, incluso las renovadoras, se encuentran siempre bajo la reserva de soberanía.

Josu Jon Imaz ha percibido con bastante claridad que el nacionalismo vasco no puede, en el complejo mundo de hoy, seguir pensando en términos de soberanía. Lo afirma en su despedida: el nacionalismo tiene que aprender a pensar en categorías distintas a las de los espacios cerrados con fronteras implicados en el término soberanía. Aunque las fórmulas que él mismo ha propuesto en ese intento de renovación -ni imponer, ni impedir / derecho a decidir y obligación de pactar- sigan encerrados en esa reserva de soberanía -la tengo, pero en aras de no se sabe exactamente bien qué, renuncio a ejercitarla, porque el mundo ha cambiado, porque ya no se lleva, porque las sociedades están entrelazadas y no es posible la autarquía-.

También ha percibido Josu Jon Imaz otra razón para la renuncia -una vez reconocida- al ejercicio de la soberanía, pero que no termina de desarrollar todas sus implicaciones en sus propuestas. Si Imaz habla de la necesidad de un acuerdo transversal, está implícitamente reconociendo que el término soberanía no se puede aplicar sin más a la realidad vasca, pues ese término requiere de algún tipo de homogeneidad que no se da en la sociedad vasca.

Las propuestas del presidente saliente del PNV han tratado de introducir la imposibilidad de la vía de la soberanía para articular el futuro de la sociedad vasca desde fuera de ella: la complejidad del mundo, la necesidad de pactar con España -seducirla-, la globalización, la desaparición de las fronteras.

Pero el nacionalismo nunca se renovará en profundidad, nunca superará la limitación que supone toda reserva de soberanía, mientras no reconozca que el punto de partida para su planteamiento político y para su proyecto político es la sociedad vasca real, en su complejidad y su pluralismo, y no la imaginada comunidad homogénea ancestral, unida en su sentimiento de pertenencia construido a través de los siglos de forma clara -en contraposición a todo lo que enseña la historia científica-.

Este es el punto clave, la encrucijada del nacionalismo vasco, y en especial del PNV. Josu Jon Imaz ha encarnado perfectamente esa encrucijada y la voluntad de salir de ella, aunque con formulaciones que, avanzando mucho, todavía se quedaban cortas.

Me imagino que los círculos políticos de la capital estarán apesadumbrados porque se va la voz pactista, pragmática y moderada en el PNV, y puede dejar a éste en manos de los más radicales: de Egibar e Ibarretxe. Es comprensible la pesadumbre, porque siempre es más fácil negociar con personas que creen en los pactos, en acuerdos pragmáticos y en la moderación.

Pero ello no debiera desviar del todo la atención de que al nacionalismo vasco se le puede y se le debe exigir algo más que pragmatismo y moderación. El PNV lleva casi 30 años en el poder, ejerciendo el que se deriva de la Constitución y del Estatuto de Guernica. Un poder legítimo, pero para el que el propio nacionalismo vasco no ha desarrollado ningún discurso de legitimación. El PNV ha ejercido el poder desde unas instituciones que ha puesto siempre entre paréntesis, y a las que ha cuestionado sometiéndolas a la presión de ser tratadas sólo como antesala de algo mejor, más adecuado, preferido.

Las consecuencias de esa falta de legitimación activa del poder que estaba ejerciendo han sido la deslegitimación activa y violenta que de esas mismas instituciones ha llevado a cabo ETA y la izquierda nacionalista radical, y la creciente dificultad que tiene el propio PNV para identificarse con ellas. El radicalismo que parece ganar en el seno del PNV es fruto de la presión exterior del nacionalismo violento y radical, pero también de su propia dejación. Incluida la formación de sus propios militantes y votantes.

La sociedad vasca actual es un sujeto político organizado sobre la base de un Estatuto de Autonomía, dentro del Estado que es España. Fruto de consulta popular. No es que no se le haya preguntado a la sociedad lo que quiere. Es que algunos no aceptan el resultado. Y nunca aceptarán resultado alguno que no sea el cumplimiento de su ensoñación. Pero eso no se da nunca en la Historia.

Joseba Arregi fue militante del PNV y portavoz del Gobierno vasco con el lehendakari Ardanza. Es autor de los ensayos Ser nacionalista y La nación vasca posible, entre otras obras.

© Mundinteractivos, S.A.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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