EL SEXTO SENTIDO DE LAS AVES
¿Dónde se sitúa la 'brújula' en los hombres? Aunque no se ha demostrado todavía, parece ser que se encuentra en la nariz
Aunque se acostumbra a decir que se necesita un séptimo sentido para ganar en la bolsa, en el caso de Nathan Mayer Rotschild no fue este sentido el que aumentó y multiplicó los millones que ya poseía, sino otro sentido sorprendente, pero no tan misterioso. Cuando en 1815 los ejércitos de Napoleón fueron definitivamente derrotados en la batalla de Waterloo, Rotschild se enteró gracias al servicio de correo de sus palomas mensajeras de la victoria de los ejércitos de Inglaterra, Austria y Prusia sobre el Ejército francés antes que ningún otro banquero de Londres. Comenzó a vender apresuradamente sus acciones, lo que llevó a creer a los otros hombres de negocios que Inglaterra había sido derrotada por Napoleón, y empezaron también a vender todas sus acciones. Cuando la cotización de las mismas había llegado a un punto mínimo, Rotschild compró secretamente gran cantidad de las mismas y consiguió, cuando se supo la derrota de Napoleón, un inmenso beneficio.
La pregunta es: ¿cómo pudo la paloma mensajera, de noche y a pesar de la niebla, encontrar su ruta desde Waterloo hasta Londres? Siempre se había considerado un misterio el que una paloma mensajera pudiera encontrar con una seguridad sorprendente un destino a cientos de kilómetros de distancia. Hace 150 años un zoólogo ruso, Alexander Theodor von Middendorf, lanzó la hipótesis de que las palomas mensajeras, al igual que las aves que emigran a miles de kilómetros, como es el caso de las cigüeñas, se orientan mediante el campo magnético de la Tierra.
Durante un siglo, la hipótesis no se pudo verificar, hasta que en 1968 el biólogo alemán Wolfgang Wiltschko demostró experimentalmente la relación existente entre el sentido de orientación de los pájaros y el campo magnético de la Tierra. Para ello, encerró un petirrojo en una jaula, sobre la que colocó un campo magnético, y observó que los pájaros lo seguían. Sin embargo, y a pesar de esta demostración bastante evidente, nadie podía explicarse con qué órgano contaban los pájaros para poder percibir el campo magnético. Recientemente, un equipo de biólogos y físicos que trabajan en un proyecto interdisciplinar en el Frankfurt Institute for Advances Studies ha descrito el mecanismo por el cual se orientan las palomas mensajeras y los otras aves migratorias.
LA 'BRÚJULA' que poseen dichas aves se esconde en el pico de los pájaros. El hecho de que fuera tan difícil descubrirlo se debe a su pequeñísimo tamaño, pues no alcanza más de una micra (una millonésima de metro). Su reducido tamaño no permitía observarlo ni tan siquiera con los mejores microscopios ópticos. Los biólogos alemanes encontraron en el pico de las palomas unos elementos de hierro triplemente oxidado, ordenado en cuatro o cinco laminillas unidas a una gota de magnetita. Este órgano es tan sensible que puede detectar variaciones en el campo magnético terrestre o de otros campos magnéticos y mediante un efecto multiplicador, informar a las células nerviosas correspondientes.
¿Como reconocen las palomas y otras aves migratorias el lugar dónde se encuentran? Naturalmente, utilizan todo el equipo de sus sentidos, es decir ojos y oídos, pero sobre todo por la noche y en las épocas de migración se orientan en mapas formados por los impulsos magnéticos. Es de suponer que los pájaros aprenden estos mapas en su juventud y los van completando con nuevas informaciones, ya que reciben datos no solo del campo magnético terrestre, sino también de lugares con acumulación de hierro como pueden ser puentes, rascacielos, vías férreas o colinas naturales con gran cantidad de mineral de hierro. Se puede suponer que la torre Eiffel no solo es un importante punto turístico en París, sino que ocupa también un lugar en los mapas magnéticos del cerebro de muchos pájaros. Cuando las palomas han de volver a su punto de origen a partir de un lugar donde nunca estuvieron antes, es decir del que no tienen ningún mapa magnético de viajes anteriores, se rigen únicamente por el campo magnético terrestre a partir del ángulo de inclinación del mismo en los distintos lugares de la Tierra.
PERO NO SOLO las palomas mensajeras y las aves migratorias poseen su brújula; parece ser que todos los pájaros, incluidas las gallinas, la tienen. Se está investigando la presencia del mismo órgano para orientar abejas y otros animales, incluidos algunas especies de tortugas. Greiner, el físico del equipo de Fráncfort, está convencido de que todos los seres vivientes lo poseen, aunque en algunos de ellos está muy poco desarrollado. Por lo que al hombre se refiere, se ha demostrado que también reacciona a campos magnéticos, pues en experimentos en los que se ha mantenido a personas en cámaras aisladas de todo campo magnético, la mayoría se han desvanecido a la media hora. Parece ser que el hombre se ha habituado tanto a los campos magnéticos que, cuando faltan, pierde el equilibrio. La pregunta es dónde se encuentra la brújula en los hombres. Aunque no se ha demostrado todavía, parece ser que se encuentra en la nariz. Con lo cual, una vez más, se demuestra la sabiduría de los dichos: esta persona tiene un pico de oro o huele a 1.000 leguas de distancia.
Jordi Cervós. Neuropatólogo.

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