Las vísperas electorales están consiguiendo lo que nadie había logrado a lo largo de esta legislatura que tiene los meses contados: romper la ya de por sí precaria unidad del equipo económico del Gobierno. Y situar a la figura de su máximo responsable, Pedro Solbes, en posición realmente poco envidiable. Solbes es ya una figura aparentemente amortizada por el propio partido gobernante, su obra parece sometida a un proceso preocupante de acoso y derribo y, que se sepa, los socialistas no tienen un recambio claro, lo que debe ser motivo de seria preocupación.

El espectáculo de las últimas semanas está resultando en todo caso decepcionante desde la óptica gubernamental: Zapatero se ha erigido en portavoz económico del Gobierno (véase su visita a la Ciudad Financiera del Santander, con unas declaraciones de contenido económico que excedían de lo que hubiera sido una cortesía protocolaria), la vicepresidente De la Vega es la contra-portavoz oficial que matiza cada palabra que pronuncia Solbes, la ministra de Vivienda campa a sus anchas como si fuera la redactora principal del programa electoral con la vivienda como asunto estrella y hasta un recién llegado, Bernat Soria, responsable de la Sanidad, se permite desmentir al titular de la vicepresidencia económica, insistiendo en que habrá atención bucal gratuita para los niños a costa del dinero del Estado, por mucho que los Presupuestos no contemplen ni un euro para el asunto y que la competencia sanitaria en cuestión es cosa de las Comunidades Autónomas. Bien seguro y respaldado tiene que estar un ministro, recién llegado al Gobierno para más señas y con nulo bagaje político a sus espaldas, para atreverse a contradecir al titular de la cartera de Economía y Hacienda que, en cuestiones de dinero, suele ser el que tiene la última palabra.

Está bastante claro que el próximo Gobierno, si Zapatero gana las elecciones generales de marzo, contará con un nuevo responsable de la cosa económica. ¿Quién será? Solbes parece claramente amortizado. Razones de edad le han ido empujando poco a poco hacia la puerta de salida.

Con 65 años, sus deseos de disfrutar de un merecido descanso y de mantenerse fuera de esa primera línea de fuego que obliga a tanto esfuerzo personal, viajes incluidos, parecen más que comprensibles, sobre todo para una persona que pasará a la historia de la economía española como uno de los ministros más solventes que hayan desempeñado la cartera de Economía y Hacienda. Es decir, una persona que ya no tiene nada que demostrar. Llegó en las postrimerías del mandato de Felipe González para enderezar una economía que, vista desde la óptica actual, parece mentira que hubiera llegado a tal estado de postración, en la última posición de la Europa comunitaria en numerosos aspectos. Hizo los arreglos imprescindibles para que, en el corto espacio de dos años, la herencia que trasladó al primer Gobierno de Aznar-Rato pudiera ser considera como más que digna.

De allí arrancó realmente la fase más brillante que ha vivido en muchos años la economía española. Rato se lució por méritos propios durante los ocho años siguientes. Y Solbes ha vuelto a retomar los mandos, con una economía ya en situación brillante, para andar los cuatro últimos años (se cumplen en marzo próximo). Gestión sin duda sobresaliente la de este economista poco amigo del espectáculo y profesional riguroso como pocos. Que en los últimos meses le hayan crecido los enanos (con perdón), no desmerece en absoluto su trabajo. Puede que hasta el mismo Zapatero esté deseando no tenerle de compañero de viaje en la próxima andadura, lo que dice mucho de la escasa clarividencia del líder socialista y, desde luego, abre un periodo de profunda incertidumbre en el mundo económico y empresarial.

¿Tiene realmente Zapatero, para la nueva etapa, un profesional de la talla de Solbes para dirigir el barco de la economía, si realmente el PSOE gana las elecciones? Los votantes de marzo próximo deberían tener alguna pista sobre el asunto porque no es un tema menor. Que Solbes se mantenga o no es relevante a la hora de ir a votar: uno sabe que las cosas de la economía cuentan con bastantes garantías de estar bien gestionadas. Si, como parece probable, Solbes no está, el PSOE debería acreditar lo antes posible a un sucesor solvente y con garantías. Solbes no es fácil de reemplazar. Ha gestionado lo que, con orgullo, y con razón, Zapatero exhibe como la parte más brillante de su labor al frente del Gobierno. Sin Solbes las cosas no serán tan fáciles. ¿Habrá pensado en ello Zapatero?