Nuestro 11-S de cada año, de Francesc de Carreras en La Vanguardia
Durante los días anteriores a la Diada del 11 de septiembre, los medios de comunicación reflejan, año tras año, una Catalunya insatisfecha y victimista, desesperada y agónica, por causa de las declaraciones y contradeclaraciones de los políticos de turno. Todo ello suele alcanzar un clímax delirante en los diversos actos conmemorativos oficiales o en las manifestaciones callejeras: siempre parece que estamos en un momento clave de la historia, ante cruciales peligros, heroicos desafíos y un cercano y glorioso futuro.
En realidad, nadie cree en nada de todo ello, ni siquiera los mismos políticos: se trata de un simple ritual, meramente protocolario, pesado y aburrido. Desde hace ya muchos años, apenas se cuelgan senyeres en los balcones y los que pueden aprovechan para ir a la playa y tomar el último sol del verano, en especial si hay puente. Para nada se les ocurre, en tan agradable y relajado ambiente, hablar del pasado y futuro de Catalunya, sus peligros y desafíos. Aunque en TV3 y en BTV no paren de dar la matraca con el tema, de adoctrinarnos con una versión falseada de la historia, afortunadamente hay otros canales: basta con apretar un botón. La Catalunya oficial y la Catalunya real, tan distantes.
Este año, el verano político en Catalunya estuvo marcado por el mal funcionamiento de diversos servicios públicos, nada nuevo por otra parte, pero acentuado por algunos visibles excesos, entre otros, el gran apagón y los sistemáticos retrasos en los trenes de cercanías. Así comenzamos las vacaciones y ahora, al reanudar el trabajo, volveremos a hablar y a sufrir con todo ello. Pero la fecha del 11 de septiembre hay que caldearla con temas de un mayor calado épico, que exalten los aparentemente nobles y desinteresados sentimientos colectivos, no con temas prosaicos y vulgares, atascos en las carreteras o cosas semejantes, que una buena gestión de nuestros impuestos pueden solucionar.
Este año los grandes temas oficiales han sido dos: primero, el año 2014 Catalunya debe declararse ya independiente de una vez y, segundo, es necesario refundar el catalanismo. Temas enjundiosos, qué duda cabe y, sobre todo, urgentes necesidades deseadas por la mayoría de ciudadanos. Creo que durante este largo fin de semana no se hablaba de otra cosa en las comidas familiares, las cenas en los restaurantes, durante las copas hasta las tantas de la madrugada. Catalunya, un caso ejemplar de conciencia nacional.
Efectivamente, lo que nos hizo Felipe V en 1714 fue una inmensa trastada, desde entonces no somos felices, hay que volver a aquellos viejos tiempos, los habsburgos, los austrias, qué buena gente, leal, trabajadora, eficaz, respetuosa con los catalanes, preocupada por nuestras libertades. Los borbones, en cambio, qué horror, qué desgracia. Sí, claro, a partir de los borbones empezamos a prosperar, se organizó el país, pudimos comerciar con América, comenzó la industrialización... Todo ello es verdad, lo demostró Pierre Vilar en sus cuatro pesadísimos tomos. Pero, al fin y al cabo, todo eso son ventajas meramente materiales, hay que ir a lo espiritual, hay que tener ambición nacional, no basta con el progreso económico.
La idea de ser ya independientes en el año 2014 no puede ser más oportuna. Catalunya habrá pasado 300 años bajo la bota española y así, mediante un número redondo, el 300, lo recordaremos fácilmente en cualquier examen. "¿Cuántos años duró la ocupación española en Catalunya?". "300 años", chupao. Ahora, en cambio, recordar los años que duró la reconquista es francamente complicado: desde el 711 hasta 1492. Hagan la resta. Menos mal que están las calculadoras. Dudo que sin ellas lo pueda resolver un joven que esté cursando el 2.ª de bachillerato con cuatro asignaturas colgadas de primero. Mejor no preguntárselo, es demasiado difícil y no aprobaría, no entraría al año siguiente en la universidad. O sea, que la idea de Carod-Rovira es buena, muy útil.
Floja, en cambio, me parece la idea de refundar el catalanismo, propuesta por Artur Mas. Primero, creo que no es muy original, me parece que, con esas u otras palabras, cada año alguien publica un libro que sostiene algo semejante y acaba repitiendo lo de siempre. O sea, que, total, no sirve de nada. Pero, segundo, ¿por qué refundar el catalanismo? ¿Es que Mas se avergüenza de las ideas de Prat de la Riba, de Cambó, de Macià y de Companys? ¿Es que lo que hemos venido diciendo durante todos estos años está mal fundado? ¿Acaso hemos cometido algún error? ¿Hemos engañado a alguien? Entonces, ¿a qué viene una refundación? ¿Es que Mas se avergüenza de Jordi Pujol, que es quien le puso donde está, si no de qué?
Y Pujol lo dijo con mucha claridad el día 11 cuando le otorgaron la Medalla d´Or de la Generalitat: "No es Catalunya la que se tiene que adaptar a la Constitución, sino que es la Constitución la que se tiene que adaptar a Catalunya, y respetarla (...). (Catalunya) no es fruto de ninguna Constitución, ni de ningún pacto político, ni de ningún programa electoral, es una realidad histórica con identidad propia". Esto debería saberlo el Tribunal Constitucional: Catalunya es la norma suprema, por debajo de ella están la Constitución, las leyes y los reglamentos. A ver si lo tiene en cuenta en su sentencia.
Además, quien ha refundado de verdad el catalanismo es Montilla: "Hechos, no palabras", su eslogan preferido. Lo primero no lo ha logrado -lo reivindicaremos el próximo 11-S-, pero lo segundo lo cumple al pie de la letra.
FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.
