EL DEBATE DE LOS NACIONALISTAS VASCOS
El líder nacionalista teme la división del partido si permanece en el cargo
El presidente del Partido Nacionalista Vasco, Josu Jon Imaz, anunció ayer que no se presenta a las elecciones del partido y que vuelve a la actividad privada. Personaje clave en el proceso de paz, alabado por Zapatero y denostado por ETA, Imaz prefiere retirarse antes que causar daño en sus siglas.
Una de las dos almas del Partido Nacionalista Vasco se queda sin cara. El presidente de la formación, Josu Jon Imaz, no presentará su candidatura en el proceso de elección de líder que está ahora en marcha. En una carta enviada ayer a algunos medios de comunicación, anuncia que no quiere ser causa de división y que se va a casa, tras trece años de dedicación a las siglas, los cuatro últimos como presidente.
Abrazado públicamente por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el gran valor del nacionalismo vasco, como socio deseable en Madrid, en Vitoria y quizás en Ginebra, Oslo o en algún caserío discreto, señalado en los últimos comunicados por ETA con sorna y ojeriza como el más "españolista" de los jeltzales,Imaz opta por recoger sus carpetas de Sabin Etxea, la sede central del PNV, en Bilbao, y tomar la A-8 camino de Zumarraga. A casa. Imaz no quiere ser un estorbo, pero será una ausencia.
La otra alma se queda, y tiene dos caras: el presidente del partido en Guipúzcoa, Joseba Egibar, y el lehendakari Juan José Ibarretxe, con quienes Imaz ha discrepado abiertamente desde el mismo día de su elección - y antes- en diciembre del 2003.
La última y más dura, hace pocos días, cuando Ibarretxe insistió en convocar esta legislatura un referéndum - o consulta- sobre la autodeterminación de Euskadi, tal como venía en su famoso - y aparcado- plan, haga lo que haga ETA. Mate o no mate. Para Imaz, una cuestión de ese tamaño no puede plantearse con los terroristas en acción y pidiendo lo mismo.
El aún presidente jeltzale no está lanzando un órdago - tan vasco- sino que se va de veras, aseguran dos buenos conocedores de la política vasca. "La pluralidad de discursos, la división y la tensión que en algunos momentos ha trasladado EAJ-PNV a la ciudadanía contribuyen a debilitar nuestro proyecto", dice en su carta de ayer.
Quien parece subir en el escalafón es Iñigo Urkullu, en teoría mano derecha de Imaz pero aceptado, matizan analistas políticos vascos, por el sector soberanista. Urkullu no ha desvelado sus propósitos en las elecciones, que concluyen en diciembre. Tampoco Egibar, rival de Imaz en las elecciones internas del 2003 y en las actuales.
En las anteriores, Imaz basó su victoria en Vizcaya, donde se concentran 24.000 de los 30.000 afiliados del PNV, según datos del partido.
Otra incógnita recién nacida es qué hará su sector; si ha quedado huérfano o será apadrinado por Urkullu, si aparecerá alternativa. Todo el PNV guardaba ayer un audible silencio. Imaz se fue a casa a mediodía.
Imaz aboga por modernizar el partido y darle un liderazgo sólido y no cuestionado
El presidente del principal partido vasco recoge los trastos al hacerse pública la ponencia política que guiará a la formación los próximos cuatro años, aprobada el lunes y con un marcado tinte nacionalista. La ponencia no contiene grandiosas novedades respecto a la aprobada en el 2004, pero dedica mucho más espacio que entonces a explicar por qué el PNV apuesta por la autodeterminación, el derecho a decidir, los lazos que podrían unir Euskadi y Navarra y el papel de Iparralde, esto es, las tres provincias vascofrancesas.
En lo que parecía una solución de consenso entre las dos almas, la ponencia recoge que habrá consulta pero sin decir cuándo, lo que permitía sonreír a los dos lados.
Sabedor de lo que se jugaba, el sector soberanista - y muy en especial el lehendakari Juan José Ibarretxe- cedió durante el proceso de paz todo el protagonismo a Imaz y sus cercanos. Fueron los propios Imaz y Urkullu quienes mayoritariamente llevaron el peso de las negociaciones de Loiola con el PSE y Batasuna.
En el pulso que desde el mismo día de su elección, el 18 de diciembre del 2003, le planteó el sector más soberanista, Imaz optaba por dosificar los tiempos. Sin renunciar a sus ideales, cada cosa a su tiempo, venía a decir. Personas de su entorno suelen remarcar que el matiz entre las célebres "dos almas" es sólo de velocidad. Todos quieren lo mismo, pero unos tienen más prisa que otros. Además del tempo, Imaz aboga por el pacto. Su máxima política es "no impedir, no imponer"; en una reciente conferencia, Imaz sugería "seducir" a España. El verbo recibió rápidos contraataques.
En su carta, Imaz explica que su marcha sólo quiere dar "unidad y cohesión" al PNV, que acaba de cumplir 112 años. En 1986, vivió un traumático desgaje, que dio lugar a Eusko Alkartasuna. La pluralidad de discursos, añade, "debilita al partido" y el riesgo de fractura interna "añade dosis de inestabilidad y radicalidad a la política vasca".
"Siempre he creído que en la vida no debe esperarse a lo que hagan los demás. Uno mismo debe dar los pasos que estima necesarios. Por ello, mi decisión de no ser candidato responde a una contribución que facilite un proceso interno que cohesione y una a nuestra opción política", señala. "Un partido no puede llevar adelante una modernización necesaria en un contexto de competición por el discurso. La reflexión serena exige liderazgos no cuestionados y partidos unidos y sólidos".

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