EL DEBATE DE LOS NACIONALISTAS VASCOS
El escenario político
ANÁLISIS
Josu Jon Imaz anunció ayer que tira la toalla y que no se presentará a la reelección como presidente del PNV y lo hizo con la misma elegancia que ha caracterizado su forma de hacer política en estos últimos cuatro años. Se va, dice en su escrito de despedida, para evitar el riesgo de división en el seno de su partido y al decir esto nos revela la profundidad de la crisis existente en el seno del PNV.
El PNV daba a conocer ayer la ponencia política que ha sido consensuada entre los diversos sectores, pero ese pacto no ha sido suficiente para salvar a Imaz. O tal vez sea precisamente el pacto el detonante de la renuncia si el todavía presidente de la formación nacionalista ha visto que sus intentos de introducir moderación en la línea política de su partido no se han reflejado en el documento final en la medida en que a él le hubiera gustado. Esa ponencia aborda la cuestión de la polémica consulta popular y plantea la necesidad de acuerdo político para llevarla a cabo, pero en caso de que no exista tal acuerdo se realizará también de todas las maneras. Planteada la cuestión en estos términos, la consulta se convierte en un incentivo para los más radicales, para los que quieren llevarla a cabo como pulso al Estado. Frente a estos sectores, que existen tanto dentro como fuera del PNV, se había pronunciado abiertamente Josu Jon Imaz este verano.
El aún presidente del PNV llegó al poder por la mínima, con un partido muy dividido, y se encontró con unas bases en las que la pedagogía de la radicalidad de Lizarra se había extendido sin encontrar resistencias internas, sin que la parte moderada que siempre ha tenido este partido hubiera sido capaz de hacer frente doctrinal, ideológica y organizativamente a la parte independentista.
Imaz ha representado el esfuerzo por volver a centrar la línea política del PNV después de la experiencia del acuerdo con ETA y el pacto de Lizarra de 1998. Ha predicado el concepto de ciudadanía vasca frente al de pueblo y ha abogado sinceramente por pactos transversales en la política vasca que incluyeran a nacionalistas y no nacionalistas como reflejo de la pluralidad consustancial de Euskadi. Imaz - lo dice en su carta de despedida- considera que el nacionalismo vasco tiene que hacer un esfuerzo de modernización para adecuarse a las condiciones políticas del mundo en el siglo XXI, modernización que para el todavía presidente del PNV pasa por atribuir a este partido un papel moderador en la sociedad vasca.
El que fue consejero de Industria en los primeros gobiernos de Ibarretxe había defendido la conveniencia de cautivar a España y había invertido no poco esfuerzo en esa tarea, que, por otra parte, no ha sido comprendida por otros sectores del nacionalismo vasco.
Imaz ha tendido vías de diálogo con los principales líderes políticos de Madrid, incluido Mariano Rajoy, con el que restauró un diálogo interrumpido en los últimos años. Y, por supuesto, con el presidente del Gobierno, al que apoyó en su principal apuesta política, el diálogo con ETA, a pesar de que algunos dirigentes del socialismo vasco acariciaban la idea de aprovechar el viaje para hacerle la pinza al PNV, al estilo de lo ocurrido en Catalunya con CiU, para desplazarlo del poder.
El tiempo nos dirá si la renuncia significa la derrota de las tesis moderadas de Josu Jon Imaz, pero ése era el temor que ayer se extendía en buena parte de la clase política española.
En estos cuatro años, Imaz ha tenido dentro de su partido poderosos enemigos, entre los que cabría mencionar al propio lehendakari, que, sin enfrentarse abiertamente, se ha alineado siempre con las tesis más radicales. El presidente del PNV ha encontrado más comprensión fuera que dentro de su partido. En la memoria de todos están los elogios encendidos de José Luis Rodríguez Zapatero a Josu Jon Imaz en el debate sobre el estado de la nación del pasado año o los más recientes del ex presidente Felipe González, quien dijo que Imaz era "lo mejor que le ha pasado al País Vasco". Pero a veces los elogios no se han correspondido con las actuaciones: el PSE, con una gestión equivocada de los resultados electorales, ha dejado la Diputación de Álava en manos del sector opuesto a Josu Jon Imaz.

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