AL ABORDAJE

Que una bandera cuelgue o no del balcón de un ayuntamiento en verdad debería ser cosa menos importante que acertar la quiniela, lograr una cita con Halle Berry o que a tus hijos les arreglen los dientes que la conspiración clasista, según Bernat, quiere cariados por joder. Por eso, ayer en el Senado, 'Zetapé' dijo que la polémica de los trapos es «de corto alcance» comparada con la oportunidad ofrecida a las gentes de mamar de esa teta pública que Solbes protege de la violación como el eunuco guardián de un harén, sólo que con manguitos en vez de turbante.

Sin embargo, ocurre a veces que en la determinación de luchar por asuntos menores se envía el mensaje de que con aún más energía se luchará por los mayores: eso es lo que vuelve importante la chorrada de las banderas, donde se está tanteando con qué resolución se hará cumplir la Ley.

No la tiene Zetapé, que es de los que prefieren no pisar el avispero de Anasagasti. Sí la tiene Regina Otaola, que está expresando en nombre de todos una disposición a dar la cara incluso por las cosas que no importan que ha sido castigada con dureza por aquéllos que también tienen un mensaje que enviar: si por un puto trapo insultamos y amenazamos a una señora a la salida de misa, qué no seremos capaces de haceros si os interponéis en objetivos «de largo alcance». ¡Pum, pum!, que dijo aquél. Y aun así, Otaola resiste sin que el fiscal general, a pesar de lo dicho por Bono en uno de sus shows verborreicos, actúe por protegerla con el mismo entusiasmo con que reprimió a los viñetistas de El Jueves, que ésos sí que son enemigos chungos.

Mientras a Otaola le amagan un linchamiento y a Alberto Fernández, en la Diada, le recomiendan mirar los bajos del coche, Zetapé dijo, ayer en el Senado, que él no aprecia más «radicalización» que la del PP.

Se ve que no ha salido a hacer footing por Lizarza. La observación es tan grosera y corta de miras como aquella otra en la que dijo que el ambiente en Cataluña no podía ser tan malo, puesto que él se sentía muy cómodo cuando iba. Sólo le alarma lo que le afecta. Y lo que le afecta es la oposición del único partido que no ha abducido con sobornos y que, pese a todos los intentos, no ha sido eliminado de la vida pública con un cordón sanitario.

¿Lo demás? Asuntos de «corto alcance» por los que no hay ni que molestarse, aunque sea abandonando a su suerte a las Otaolas, a los Fernández, a todos aquellos que no son de los nuestros y cuyo destino, por tanto, merece menos interés del que no hace mucho consiguió la almorrana de De Juana Chaos. Dónde están los cómicos, que tardan en llevar rosas blancas a Regina Otaola.

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