Ignacio Polanco, el heredero del Imperio creado por Jesús del Gran Poder (q. p. d.), aparecía en tercera fila, casi escondido, semioculto en la gran foto del Poder, con mayúsculas, que el lunes se reunió en torno a la Fundación Carolina, ya saben, ese cosa con ínfulas de lobby español para los dineros latinoamericanos, que era la foto, sobrecogedora, un retrato a cuerpo entero del establishment patrio, Fainés, Florentinos, Aliertas, Botines, Isidoros, Efegés, Galanes, Brufaus, amigos para siempre, con el añadido extraño, injerto de cuota, poder temporal en tanto que político, de dos chicas (Pajín y Jiménez) y del propio Zapatero, el hombre que pasará por la historia de España como el rayo de sol a través del cristal.

Y ese Ignacio Polanco prácticamente oculto tras las pecheras de los orgullosos hombres del dinero era perfecta metáfora de los cambios operados en el Grupo Prisa tras la muerte del fundador, porque Jesús Polanco, imponente y oronda siempre su figura, hubiera estado en primera fila, nunca en la posición de esos invitados que parecen haberse colado en la fiesta por la puerta de servicio. Pero así es Ignacio, así le describen sus amigos, parte de una generación nueva, distinta, más a la derecha que a la izquierda, que no aspira a igualar las glorias del padre, no quiere ser como el padre, aunque pretenda, eso sí, mantener la herencia recibida y tener contentos a los accionistas, nunca desempeñar el rol que, de grado o por fuerza, jugó el tycoon como gran poder fáctico hispano.

La polémica en Prisa, muy parecida a la que estas semanas ha tenido mareado al Partido Popular de Mariano Rajoy, los extremeños se tocan, tiene que ver con el número 2, quién va a ser el número 2 en la nomenclatura del Grupo. Eso es lo que está en juego a medio plazo. Esa es la incógnita a despejar. Hay quien apuesta por Javier Díez Polanco, el sobrinísimo, consejero delegado de Sogecable, primo, íntimo amigo y vecino en Villafranca del Castillo del propio Ignacio, con quien este verano ha compartido jornadas de asueto en la finca de Huelva hablando de estrategias.

Díez Polanco ha echado sobre sus espaldas la responsabilidad de convertirse en el duro de Prisa en la guerra que le enfrenta con Mediapro, ese mastín dispuesto a morder que necesitan todas las empresas cuando las cosas se ponen feas y hay que defender la plaza del asedio enemigo. Barbarians at the gate. Los nuevos bárbaros que amenazan el poder de Roma pertenecen a la misma familia ideológica que Prisa, y cuentan, suprema ironía, con el apoyo de ese Gobierno cuyo favor tantos y tan buenos frutos deparó a Jesús Polanco durante tantos años. Ese papel de perro de presa es el que Díez Polanco va a jugar en Prisa.

Pero enfrente tiene a un Juan Luis Cebrián, consejero delegado, que sigue siendo el referente ideológico del grupo, cara y ojos de un Imperio menguante una vez desaparecido el fundador, un hombre que sigue teniendo un enorme predicamento en la redacción, que ha reclamado para sí una dirección estratégica que desborda incluso lo ideológico. ¿Se avendrá Cebrián a jugar como número 3, por debajo de un Díez Polanco a quien no aprecia un ápice, en el escalafón?

“Lo que sí te puedo asegurar es que Juan Luis nunca conspirará contra Ignacio, y esos rumores que han vuelto a surgir este verano, eco lejano de otro rumor viejo, sobre una eventual alianza con Felipe González y el millonario mexicano Slim para hacerse con un paquete importante de Prisa, son un completo infundio”, asegura un hombre que estuvo siempre muy cerca de Jesús Polanco.

La situación no puede ser más complicada. En primer lugar, porque el grupo está presente en negocios maduros, con nulo o escaso upside, a excepción del de Internet. El resultado de la pelea que le enfrenta a los nuevos amigos del Poder, los Roures y Cía., se adivina crucial para el futuro del primer grupo de comunicación y entertainment de habla hispana. “Si pierden el fútbol, están muertos...”, sostiene rotundo un buen conocedor del negocio de la televisión. De pago y de la otra.

“Lo peor es el sentimiento de derrota que ahora mismo se respira no solo en la dirección, sino entre toda la plantilla”, señala la misma fuente, viejo amigo de don Jesús, “la sensación de que nos han perdido el respeto, porque los Roures, Contreras y demás familia jamás se habrían atrevido, en vida de Polanco, con Polanco en plenitud de facultades, a hacernos el feo que nos han hecho y ponernos en la situación desairada en que hoy nos encontramos”. Ese es el mensaje que la crisis de Prisa expande por el mercado: que los Imperios no son eternos y, como las personas o el mismo sol, nacen, alcanzan su apogeo y un día comienzan a caminar hacia su ocaso. Esta es la etapa que hoy recorre el otrora todopoderoso Grupo Prisa.