El estribillo de cada septiembre sobre los libros de texto tiene, de fondo, una melodía que no me gusta y que muchas familias exhiben sin pudor con reiteración inercial: "Los libros del cole son demasiado caros". Esto se dice y se repite cada año y, además, se da por bueno. Seamos sinceros, por favor: muchos de los padres que se quejan amargamente sobre lo mucho que cuesta el manual de matemáticas o el de ciencias sociales están encantados de rascarse el bolsillo para adquirir el último videojuego de moda, las enésimas zapatillas con triple cámara de aire, la suscripción al canal televisivo de pago y el obligado megamenú de fast-food para que la prole no dé más la brasa. De todas las demagogias que pueden hacerse con productos de primera necesidad, la que usa el libro de texto siempre me ha parecido especialmente estúpida y cutre. Propia de individuos por civilizar. Muy en la línea tradicional hispánica que confunde la igualdad de oportunidades con el escaqueo y los derechos del ciudadano con el mamoneo. Muy al estilo de esa creencia popular que considera una desgracia tremenda el pago de impuestos.

A veces, todo hay que decirlo, el político listillo alimenta esta demagogia del lumpen con medidas tramposas. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet pagará los libros de texto para todos los niños de primaria y secundaria, de centros públicos y privados. Esta acción populista costará a las arcas del Consistorio 1,8 millones de euros. ¿Por qué pagar los libros de texto y no, en cambio, entradas para el Liceu, el Palau de la Música y todos los cines y teatros? ¿Por qué no sufragar, de paso, viajes a Roma, París y Londres? ¿Por qué no subvencionar entradas para ver el Barça? Ya puestos a ejercer el paternalismo de la Administración generosa y simpática, más vale hacerlo con imaginación y audacia. Copiemos a Chávez, hermanos.

Pero, insisto, los primeros culpables son esos padres que consideran que un libro de ciencias naturales siempre es más caro que un cubata, una sesión de peluquería o un viaje low cost para ir a robar las toallas de una pensión de Budapest. El libro de texto siempre es carísimo para el individuo que no da valor alguno a la formación y a la cultura. "Si ya tienen profe, ¿para qué quieren libro?", se preguntan ciertos primates con DNI. "Niño, mira si te sirve la guía telefónica como enciclopedia, el Hola para las clases de literatura y el mapa de carreteras como manual de geografía", añade algún mandril en un rapto de inventiva. Ante tanta demagogia, lo único serio y responsable sería subir todavía más el precio del libro de texto y, de paso, aumentar el salario de los maestros.