Onze de Setembre
Más de uno hubiera agradecido ayer la instalación de buzones de sugerencias a la salida del parque de la Ciutadella para formalizar sus comentarios sobre el acto institucional de la Diada. Hay quien diría que fue el sol de justicia: "Podrían haber hecho un toldo". Otros, la falta de visibilidad: "Esta vez no hay pantallas". Y otros tantos, los problemas de sonido : "Se oía mejor desde fuera que aquí dentro". El caliu que se presupone a estas celebraciones no acabó de contagiarse entre las más de 20.000 personas que, según los Mossos d´Esquadra, acudieron al acto institucional del Onze de Setembre.
Con la fuente de la cascada como nuevo telón de fondo - "han cambiado de sitio para que quede mejor en la tele", analizaba uno de los asistentes-, el público se esforzaba en vano en atisbar la tribuna, estratégicamente situada a cobijo del sol, donde se encontraban los presidentes de la Generalitat y del Parlament, José Montilla y Ernest Benach; así como los ex presidents Jordi Pujol y Pasqual Maragall; los ministros Joan Clos y Carme Chacón; los miembros del Govern; el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu; representantes de los grupos parlamentarios, y otras autoridades e invitados ilustres.
La interpretación de Els segadors - que en las tres ediciones anteriores cerraba el acto y que ayer, en cambio, acampañó la izada de la bandera- sirvió para levantar los ánimos. Y eso que por aquel entonces la mayoría de los trípticos con la letra del himno nacional ya hacían las veces de gorra o abanico. Nunca, sin embargo, llueve a gusto de todos, y los viscas y los vehementes aplausos que acompañaron las últimas notas valieron un disgusto a la niña de bucles dorados que presenciaba la escena a hombros de su padre.
Hubo a quien tampoco le acabó de cuadrar que, en tan señalado día, casi se oyeran a la par las notas musicales y el rumor del agua de la cascada del parque de la Ciutadella. A falta de los buzones de sugerencias, los asistentes descontentos con las deficiencias de sonido lo hicieron saber al principio del acto clamando "no se oye" al unísono. Uno, díscolo él, se desmarcó de la reclamación general y optó por un más ambiguo y polisémico "no se siente". Si la frase pretendía lanzar subrepticiamente un segundo mensaje no lo especificó su autor.
Una vez solventados los problemas con la megafonía se hizo sitio una nueva inquietud. La actuación musical más esperada, los fragmentos del espectáculo de fusión de Miguel Poveda y Maria del Mar Bonet desconcertaron a la concurrencia. "A mí me gustan las canciones que canta ella, pero esto...", se lamentaba una mujer. Con todo, los silbidos a Poveda cuando cantó en castellano quedaron tapados de inmediato por los aplausos del resto del público.
Olvidada ya la efusividad con que se recibió Els segadors,las primeras estrofas de El cant de la senyera,que cerró la celebración, apenas fueron canturreadas por unos pocos. Y eso que el acto concluyó diez minutos antes de lo previsto y, por tanto, nadie podía apelar al recurrente "un pelín demasiado largo". El comentario, efectivamente, no se oyó ayer. "En la playa hubiéramos estado mejor, pero debíamos venir", fue el balance de una de las asistentes.

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