El auto de fe de Zapatero y Botín, de Miguel Ángel Belloso en Expansión
El presidente del Gobierno se reunió la semana pasada con Emilio Botín, el banquero por antonomasia del país. Fue una reunión pública, ante la mirada libre de la prensa, y casi podríamos decir que a calzón quitado, pues los dos posaron en mangas de camisa, el banquero con tirantes, el presidente con los zapatos de boda que calza cuando visita a la gente entre la que se siente forastero.
Botín quería inaugurar como Dios manda su gran ciudad financiera con guardería, que ya conocemos por activa y por pasiva. Zapatero buscaba un cierto respaldo del gran capital ante la rampante incertidumbre. Y así se compuso esa imagen pintoresca y cómica entre el presidente y el primer banquero que a buen seguro colmará de satisfacción a los votantes socialistas, sobre todo a los que pagan sus hipotecas al señor Botín.
Los votantes socialistas y el resto de los ciudadanos con derecho a sufragio en este país llevan ya un tiempo mohínos cuando no irritados. Hay un sector importante de la población perjudicada por la coincidencia de la moderación salarial y el aumento constante de los precios. Es un sector de amplio espectro, que va de la derecha a la izquierda, nutrido de una juventud que empezaba a levantar el vuelo y una clase media a la que le han pegado un tiro en el ala.
Con los sueldos más o menos congelados, está pagando impuestos crecientes, pues las deducciones y desgravaciones fiscales han perdido efecto, minadas por la inflación. Pero aún peor, este sector nada despreciable de la población, con una renta disponible más discreta, se ha visto sacudido por la notable subida de los tipos de interés y está con el agua al cuello. O abocado a apretarse el cinturón después de días de vino y rosas. Casi me atrevería a decir, por intuición, que está más con el agua al cuello ese tipo clásico de pareja joven, recientemente emancipada y progresista, mayoritariamente votante del PSOE.
La reacción ante la crisis de Zapatero y de la vicepresidenta, que también parece haber cogido el toro de la economía por los cuernos, ha sido encomiable. “Aquí no pasa nada”, dicen. La respuesta de las más altas instancias ante el descontento general y el aumento de la desconfianza entre los consumidores ha sido enarbolar un discurso de tono macroeconómico.
Como no entienden una palabra al respecto, y tienen una sensibilidad polar ante la ciencia sedicente que trata de asignar recursos escasos de la manera más eficaz posible, algún asesor amigo les ha convencido de que deben sacar pecho a base de ortodoxia, aunque nadie les entienda y la mayoría se enoje; les ha dicho que, en el terreno económico, hay que evitar a toda costa la descontrolada excrecencia que vierten en el discurso social.
De manera que Zapatero y la vicepresidenta nos han dado las garantías correspondientes: la economía sigue creciendo casi el 4%, más que la media europea; el IPC está bajo control, tenemos un superávit público del 1,5%, el mayor de la UE, etcétera. Y bien, ¿es este discurso el apropiado para aliviar el sentimiento general de la nación? ¿Es coherente con el agravamiento de la crisis internacional?
Los ciudadanos habríamos agradecido que Zapatero hubiera aprovechado la reunión con Botín para indagar en la posibilidad de paliar la subida de los créditos, por ejemplo con fórmulas de conversión de las hipotecas variables a fijas con algún sustento público. También hubiera tenido una cierta acogida un tono realista y humilde. Algo de este tipo: “Nos encontramos con una crisis seria, que es producto de una pérdida de confianza en el sistema.
Las autoridades españolas estamos siguiendo de cerca la situación, dispuestas a colaborar de manera conjunta con las europeas en todas aquellas decisiones que sirvan para limitar las consecuencias más dolorosas con la mayor rapidez. A todos nos interesa que Estados Unidos, el epicentro de la misma, no sufra una desaceleración económica. Estamos estudiando medidas, de las que les tendremos puntualmente informados”.
¿Ha oído usted algo similar? ¿Se ha escuchado estos días algún mensaje oficial de una cierta responsabilidad? No. Lo más relevante de estos últimos días ha sido el auto de fe del señor Zapatero con el primer banquero del país sobre la fortaleza inexorable de la economía española, y la vicepresidenta respaldando el dogma. ¡No cuela! El presidente pierde el magro crédito del que dispone diciendo que no pasa nada con la que está cayendo. Al señor Botín, un poco de vuelta, le hace gracia esto de tutear a los presidentes y fomentar la exégesis sobre sus actos. Pero para generar expectativas positivas no bastan las palabras sino los hechos.
¿Y cuáles son éstos? Pues, en relación con la vivienda, y a punto de agotar la legislatura, la solución más plausible que han encontrado los socialistas a dicho problema es el disparate económico andaluz de garantizar por ley el acceso a la misma a precios limitados. Estamos ante un gobierno incapaz de dar una respuesta seria a la crisis, un gobierno que al demonizar el sector de la vivienda y de la construcción está más expuesto a la misma que el resto de países, un gobierno cuya pasividad reformista –véase la raquítica rebaja del IRPF– ha contribuido a agravarla. ¿Y qué hace Botín abrazando este oso?
Miguel Ángel Belloso. Vicepresidente del Consejo Editorial de EXPANSIÓN y ‘Actualidad Económica’
