La comisaria de Agricultura propone suspender un año la obligación de recortar un 10% la producción
Medio Ambiente se muestra reticente y prefiere mantener un índice bajo
La Comisión Europea propondrá este jueves aplazar un año la retirada obligatoria del 10% de tierras dedicadas al cultivo del cereal -que impone la reforma de la Organización Común de Mercado (OCM)- y ayudar así a paliar los efectos negativos de la subida de precios en los cereales debido a la escasez de oferta por el aumento de la demanda destinada a biocombustibles.
Michael Mann, portavoz europeo de Agricultura, confirmó en conversación con EL MUNDO que la comisaria del ramo, Mariann Fisher Boel, «propondrá que se fije en un 0% el porcentaje obligatorio de retirada de tierras para la siembra de otoño de 2007 y para la de la primavera de 2008, como reacción a la situación cada vez más ajustada del mercado de los cereales».
Aunque existen reticencias por parte del departamento de Medio Ambiente, que prefiere mantener un índice obligatorio aunque éste sea bajo, fuentes del Ejecutivo de Bruselas dan por «prácticamente hecho» el visto bueno del Colegio de Comisarios este jueves.
De hecho, ya se ha tomado la iniciativa de hacer pública la decisión ese mismo día en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOCE), a fin de que los agricultores «la conozcan y la puedan aplicar de inmediato y así, dada la inminencia de la siembra de otoño, tengan tiempo suficiente para planificar sus cultivos».
Aun con todo, la luz verde definitiva la tendrán que dar los ministros de Agricultura de los Veintisiete en el próximo Consejo Europeo, algo que también se considera logrado, puesto que la mayoría de países -entre ellos, España- alabaron la propuesta en su última reunión antes del verano.
La medida «no supondrá en sentido estricto una paralización de la OCM», dijo Mann, «sino una reducción temporal que beneficiará a los agricultores». Con ella, la Comisión espera que se anime a los productores de los Veintisiete a obtener una cantidad adicional de entre 10 y 17 millones de toneladas de cereal en 2008, lo que contribuirá a rebajar la tensión en el mercado.
Todas las reformas de la OCM que ha impulsado Fisher Boel se fundamentan en un principio básico: hacer más competitivo el mercado agrícola para que sobrevivan los más desarrollados en función de la ley de la oferta y la demanda. Pura globalización. El sector de los cereales no es una excepción, sólo que ahora esa misma oferta y demanda actúa en beneficio de los sectores agrarios y aplaza los deseos de Bruselas.
Aplicando ese mismo silogismo rector, Fisher Boel ha entendido que en estos momentos la oferta de cereales no garantiza con suficiente solvencia la demanda de los consumidores, ateniéndose a que la producción de trigo, maíz o cebada ya no se dedica únicamente a hornear pan y bollos o a dar de comer al ganado. Los cereales han entrado de lleno en los mercados internacionales de la energía. Palabras mayores.
Los biocombustibles
El aumento del uso de biocombustibles -sobre todo en las grandes economías emergentes y en Estados Unidos- ha llevado al cultivo del cereal a una situación desconocida hasta el momento, saliéndose de los márgenes tradicionales de la agricultura y jugando ya en la primera división que imponen los brokers energéticos.
Tampoco es que tener un campo de maíz sea lo mismo que descubrir un pozo de petróleo. Muy lejos de eso, el agricultor que cultiva trigo va a tener que seguir subido al tractor, seguirá mirando al cielo -sea o no creyente- por ver si la meteorología es propicia, y no podrá comprarse nunca un reloj de nuevo rico.
La diferencia está en que desde hace unos meses le pagan bastante más (entorno a un 30%, aproximadamente, según los datos preliminares que manejan las asociaciones agrarias) por su cosecha de cereales, al tiempo que incrementará aún más sus ingresos al permitírsele desde Bruselas que esa cosecha sea un 10% mayor.
© Mundinteractivos, S.A.

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