Es la foto del encuentro. Sin duda. Zapatero circunspecto ante la mirada de Botín. Éste, dedo amenazante en ristre. Sáenz, semioculto tras el presidente, ojillos de cordero degollado dedicados a don Emilio. Y detrás de todos ellos, un lema que podría haber bautizado el encuentro entre los dos poderes reales de España, el económico y el político, por ese orden: “Santander eres tú”. El Mundo, viernes 7 de septiembre, página 36. Para enmarcar. Dirigido a los empleados de la entidad cántabra, encontraba, no obstante, plena aplicación referido al Presidente del Gobierno. Santander eres tú o, lo que es lo mismo, Santander te necesita y tú necesitas al Santander. Consumemos nuestro amor. Adiós chaquetas. Un poquito de intimidad al calor del café.
Porque sólo desde esta comunión de intereses se puede entender el encuentro del pasado jueves, menos comentado de lo que se debiera gracias a la coincidencia, o no, con la decisión del Banco Central Europeo sobre los tipos de interés y la caída, imposible de predecir, del conjunto de las bolsas mundiales que empiezan, por fin, a recoger lo sembrado estos últimos años. Zapatero necesita a don Emilio y don Emilio necesita de la política económica, o más bien administrativa, del gobierno. Ni más ni menos. Sino de qué. McCoy, ¿por qué lo llama amor cuando quiere decir sexo? No le quito la razón. “Lapsus lingue” de Monday Morning. No volverá a ocurrir.
Inicio del curso político
Lo nunca visto es que un presidente del Gobierno inicie el curso político con una visita a la principal institución financiera del país. Pues anda que no tiene damnificados por el camino como para preocuparse por ellos. Pero no, ZP ha emprendido un proceso que pretende arrebatar los conceptos atesorados por el PP a lo largo de estos últimos cuatro años, tanto en el plano político como económico. Desde ese punto de vista la visita a Botín cobra pleno significado. Hacerse con el respaldo de uno de los principales referentes en el plano empresarial, y conseguir, además, un salvoconducto para la política económica desarrollada hasta ahora, y una dosis de optimismo de cara al futuro, era clave. Poco importa que el único reconocimiento explícito haya sido a su política de I+D+i que es como decir, como principal bondad de la pareja de uno, que es limpia. Pues hombre. Claro que, como diría Manel Fuentes de CQC, dudo mucho que el presidente piense que el tipo de interés no es una persona atractiva a la que merece la pena conocer. Y con ese punto de partida…
Más relevante es el deseo de Botín de prestarse al paripé buscado por el presidente del Gobierno. El banquero no da puntada sin hilo y, fiel a una tradición de más de un siglo en el negocio, sabe que cualquier inversión merece la pena sólo en función de la rentabilidad que se puede obtener de ella. Una vez más, ha pedido prestado a corto para financiar a largo y aprovecharse del diferencial. Veamos.
La visita de ZP llega en un momento complicado para la entidad cántabra, entregada a la financiación de la compra de la holandesa ABN. Sabe, por una parte, que necesita la tranquilidad de los clientes de Red para que le cedan los 9.000 millones de euros que necesita, entre acciones y obligaciones convertibles, para afrontar la adquisición, sin hacer daño a sus ratios de solvencia. Si España va bien, cómo no va a ir mejor el Santander. En segundo lugar, resulta prioritario evitar el mensaje de pánico inmobiliario con el fin de encontrar compradores para su Ciudad Financiera, una venta que el nuevo entorno de crédito está dificultando a los posibles adquirentes pero cuyos recursos vendrían ahora como anillo al dedo al banco. Último. Le hace falta un guiño del gobierno para poder colocar Cepsa a una Sonatrach que bebe los vientos por ella y que acaba de mandar a tomar viento, de forma unilateral, a Gas Natural y a un Repsol que se ha convertido en el patito feo de las big caps españolas, un damnificado más de lo que se ha dado en llamar la “maldición Sacyr”.
Por tanto, Botín necesita hoy más que nunca alinear sus intereses con los de la administración socialista y distanciarse de un mensaje económico “catastrofista”, como algunos medios han bautizado las críticas del PP a la política del gobierno. Le va mucho en ello. Resolviendo la compra de ABN, el banco alcanzaría una dimensión supranacional definitiva y, sobre todo, se posicionaría de cara a un futuro donde la importancia de lo local a nivel bancario quedaría enormemente diluido. De ahí su importancia.
Como hiciera el monarca francés Enrique IV a finales del siglo XVI con su conversión al catolicismo, Botín ha debido pensar que “ABN bien vale un desayuno”. Pura conveniencia, lejos de ser una apuesta por un caballo ganador como algunos han interpretado. Claro que, Doctores tiene la Santa Madre Iglesia. Buena semana a todos.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados