EN DIAGONAL

Ensimismados mirándonos el mismo ombligo continuamente. Políticos, periodistas y toda la corte de tertulianos y opinadores llevamos largos meses dándole vueltas y vueltas al presente y futuro de Catalunya. Después del interminable debate del Estatut, ha llegado ahora el que se ha ocasionado por la presunta crisis y decadencia del país. Es un mar de confusión en el que aparecen más censuras y críticas entre los diferentes líderes políticos o contra la actitud de las instituciones del Estado que respuestas sensatas y constructivas. Hace ya mucho tiempo que en esta sección se ha escrito que a Catalunya le falta un guía, un tótem, una voz con la suficiente autoridad moral para aportar algo de luz en tiempos de zozobra. Si Jordi Pujol se hubiera dedicado a la filosofía en lugar de a la política, bien podría ser esta voz, por su enorme talla intelectual, pero hoy su lógico partidismo le impide desarrollar esta labor.

En estos tiempos desideologizados, donde reina el caos y la desorientación, los independentistas están sacando réditos a marchas forzadas. El presidente del Parlament, Ernest Benach, decía esta semana pasada que Catalunya sólo resolvería sus problemas con la independencia. Quizás es lógico viniendo de donde viene, pero cada día oigo más el mismo latiguillo entre personas que están en las antípodas políticas de Esquerra y que incluso se expresan en castellano. Si Escocia lo va a intentar, si el Gobierno de Bélgica lleva tres meses parado porque Flandes y Valonia desean separarse, ¿por qué en Catalunya no podemos hacer lo mismo?, se preguntan.

Día sí y día también, el Gobierno descuida las formas y protagoniza deslices o directamente actuaciones inconcebibles que provocan que este sentimiento vaya creciendo entre el ciudadano medio, esté emprenyat o no. Desde aspectos esenciales para el desarrollo, como el tan manido déficit de las infraestructuras, hasta cuestiones absolutamente menores como puede ser un partido amistoso de fútbol. Sólo hay que seguir las audiencias que han tenido los últimos partidos de la selección catalana de fútbol para percatarse de que la ilusión naciente por esta cuestión se iba diluyendo a medida que se veían las dificultades para lograr su objetivo. No acierto a predecir cuánta gente hubiera acudido a presenciar el partido entre Catalunya y Estados Unidos, pero lo que tengo muy claro es que después del escándalo suscitado por la Real Federación Española de Fútbol, el próximo partido de Catalunya logrará llenar el estadio.

En esta tesitura, sólo impera el ruido. Los políticos hablan demasiado, como siempre, y los medios les hacemos excesivo caso. Refundación del catalanismo, referéndum de independencia en el 2014, cierre de cajas... Grandes palabras que apenas si ocupan unas semanas de actualidad para ser sustituidas por otras nuevas, y que no ayudan a serenar el debate. Así, los catalanes celebran mañana la Diada del Onze de Setembre con un cierto sabor amargo. Unos porque mostrarán su insatisfacción por la falta de soberanía y otros porque están cansados de tanta controversia política. Les gustaría vivir en un país normal sin más. Normal, pero respetado.

Lo que se cocía en el PP

Lo que son las cosas. El presidente del PP catalán, Daniel Sirera, que ahora defiende la necesidad de acudir al acto de ofrenda floral a Rafael Casanova, es el mismo que cuando no era el líder del partido en Catalunya le recomendaba lo contrario a Josep Piqué. Según aseguran fuentes del entorno del ex presidente popular, éste debatió con la cúpula la conveniencia o no de dejar de asistir el Onze de Setembre y no tuvo ninguna oposición, sino todo lo contrario, y eso lo llevó a dejar de participar en el acto. Sirera tiene el mérito, sin embargo, de ser el primer dirigente del PP en acudir en 1992 a hacer dicha ofrenda.

Lo que se cuece en Esquerra

Carod-Rovira tuvo que emplearse a fondo en la última reunión del partido republicano después de anunciar el referéndum de la independencia para el 2014. El conseller Josep Huguet fue el más crítico al pedirle que no lance estas iniciativas sin consultarlas antes con la dirección del partido. Huguet se preguntó dónde estarían todos ellos en el 2014 y por qué no podían plantearse antes esta iniciativa.

Y lo que se cuece en el PSC

El secretario de organización del PSC, José Zaragoza, tiene muy claro que el enemigo de los socialistas no es otro que CiU y que hay que tomarse en serio a Artur Mas. Así lo planteó en la última ejecutiva de su partido. Lo que no podía esperar es que en seguida saliera el ex president Maragall para aplaudir la última iniciativa de Mas.