Marruecos: unas elecciones con más preguntas que respuestas, de Íñigo Moré en Expansión
¿Por qué los marroquíes no creen en su sistema electoral? Las elecciones consisten en preguntar al país cómo quiere que ser gobernado. Pero las elecciones recién celebradas en Marruecos arrojan bastantes más preguntas que respuestas, comenzando con una atronadora: porqué los marroquíes no creen en su sistema electoral. Solo ha votado el 37% del censo, en el que según el catedrático Bernabé López aún faltaban al menos 4,8 millones de ciudadanos, que no se inscribieron. Además, el 19% de los votos son nulos.
Es decir, que la participación real rondaría el 20% lo que significa que el restante 80% de los marroquíes no cree en las elecciones. Es cierto que algunas organizaciones han hecho campaña por la abstención, encabezadas por el movimiento antisistema y fundamentalista Justicia y Caridad, que dirige el jeque Yassin, y quizá se le pueda imputar una parte de la abstención. Pero ese no es el motor principal. Desde luego, el principal factor que impulsa la no participación es el propio sistema electoral, diseñado para impedir que vote la totalidad de la población. Por ejemplo, los emigrantes no pueden votar desde su país de residencia; algo sorprendente para un país en el que la diáspora supone más del 15% de la población.
Es decir, que la participación real rondaría el 20% lo que significa que el restante 80% de los marroquíes no cree en las elecciones. Es cierto que algunas organizaciones han hecho campaña por la abstención, encabezadas por el movimiento antisistema y fundamentalista Justicia y Caridad, que dirige el jeque Yassin, y quizá se le pueda imputar una parte de la abstención. Pero ese no es el motor principal. Desde luego, el principal factor que impulsa la no participación es el propio sistema electoral, diseñado para impedir que vote la totalidad de la población. Por ejemplo, los emigrantes no pueden votar desde su país de residencia; algo sorprendente para un país en el que la diáspora supone más del 15% de la población.
Mucho más cuando otras naciones con un nivel semejante de renta, han sido capaces de poner en pie sistemas que lo permiten, como se ha visto recientemente en España en el caso de Ecuador. Otro problema, de mayor calado, es la ausencia de contenido, pues las elecciones de Marruecos no determinan el Gobierno. El Rey nombra a su discreción a los ministros de mayor peso (Interior, Asuntos Exteriores, Asuntos Islámicos) entre tecnócratas que no pasan por las urnas, así como al Primer Ministro, en la actualidad Driss Jetú, que tampoco se presentó a las elecciones.
El resto del Gobierno está condenado a una eterna coalición de varios partidos pues la localización de las circunscripciones y el sistema de escrutinio atomizan el voto. Así, el Parlamento nunca ha tenido una mayoría sólida, dependiendo siempre de coaliciones de más tres partidos, poco eficaces. Esto incrementa el escepticismo del votante, que ve como las promesas electorales no se cumplen mientras los programas electorales quedan diluidos en el juego de las alianzas. A todo ello hay que añadir la precaria realidad del marroquí de a pie, más preocupado por mejorar su modesta economía, a menudo por cenar decentemente cada noche, que por el juego político.
La segunda pregunta es qué cabe esperar del sorprendente vencedor, el nacionalista Istiqlal, que ha logrado 52 representantes. En principio, le corresponde el cargo de Primer Ministro, aunque en las anteriores elecciones el Rey nombró para el cargo a Driss Jetou, un tecnócrata que no se había presentado a las elecciones. Además de su función en el Gobierno hay que pensar en la línea política de este partido, que forma parte de la Internacional Demócrata de Centro, junto con el Partido Popular. No obstante, su nombre en árabe significa "independencia" hundiendo sus raíces en la oposición al colonialismo que sufrió Marruecos hasta 1956. Se trata de uno de los pocos partidos marroquíes para los que la cuestión territorial (Sáhara, Ceuta y Melilla) tiene verdadera relevancia, por lo que cabe esperar más de una referencia a esta cuestión. Seguramente en un tono moderado y político, pero también constante mientras dirija un gobierno que, en todo caso, se anuncia poco operativo. Los 52 representantes del Istiqlal son apenas una fracción de los 163 que aseguran la mayoría de la Cámara, por lo que será necesario formar una coalición con, al menos, otros cuatro partidos.
La tercera pregunta, bastante más inquietante, es cómo reaccionarán los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) al ver que no han obtenido la victoria que venían anunciando desde hace meses. Su secretario general Elotmani señalaba que obtendrían 70 diputados e incluso especulaba sobre cuales serían las condiciones para ser Primer Ministro. Pero su partido se ha quedado en 47 representantes, ligeramente mejor que en las anteriores elecciones y logrando convertirse en la segunda fuerza del parlamento. La verdad es que todos los observadores esperaban más pues en las anteriores elecciones el PJD apenas presentó candidatos en la mitad de las circunscripciones del país, mientras que ahora lo hacían en todas menos dos. Los dirigentes del partido no parecen haber aceptado el resultado, pues el número dos de la organización Lahcen Daoudi ha denunciado la corrupción de la votación por la compra de votos. "tenemos pruebas y las presentaremos" afirmó. Este mensaje reivindicativo preludia un largo periodo en la oposición, quizá además tumultuoso pues la protesta podría prender fácilmente entre las bases del partido, mucho menos moderadas que sus dirigentes.
Pero más acuciante que la reacción de los islamistas, es la enorme dimensión de ese 80% de abstencionistas que reclaman la necesidad de profundas reformas. Es bastante razonable pensar que ese desencanto electoral engorde hasta convertirse en desencanto en general y a secas. Algo que alimentaría las filas de los diversos movimientos antisistema de Marruecos, desde los silenciosos que se limitan a echarse al mar en una patera, hasta los candidatos a "bomba humana". De todos ellos ya hay un evidente exceso en el país que repercute de forma directa en España.
Hay que señalar que este problema no es exclusivamente marroquí, pues en Argelia son evidentes síntomas semejantes. Precisamente es sobre ellos que grupos terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico, pretenden "irakizar" la región.
Sin duda, el principal reto de Marruecos está en regenerar a esa mayoría absoluta de sus ciudadanos que no participa. Un grupo demasiado numeroso como para pretender que el país haya logrado consolidar su transición y frente al que va a hacer falta algo más que buenas palabras y mensajes de ánimo. Simplemente son demasiados como para esconderlos bajo la alfombra.
