Daniel Sirera, el presidente del PP catalán tras la dimisión de Josep Piqué, ha anunciado que su partido volverá a hacer la ofrenda floral ante la estatua de Rafael Casanova, defensor de la ciudad de Barcelona ante las tropas de Felipe V, después de tres años de abstenerse de esta ceremonia. Lo más significativo no es que el líder del PP catalán haya decidido peregrinar de nuevo hasta la estatua erigida por Rossend Nobas al conseller en cap, tras el hartazgo de sus dirigentes por el griterío y abucheos que les dedicaba la concurrencia, sino que proclamara al mismo tiempo que la guerra de Sucesión y la batalla de 1714 no tuvo ningún contenido nacional, sino que se trataba simplemente de una pugna por el trono de España.
Dicho así parece que el PP haga su ofrenda a Casanova por su condición de líder antiborbón. Reducida la contienda a una disputa entre casas reales, podría entenderse que Sirera olvida que el vencedor de la misma aprobó el decreto de Nueva Planta que suprimió las constituciones catalanas. El decreto, dictado tras la victoria por Felipe V, abolió la Generalitat de Catalunya, las cortes catalanas y el Consell de Cent; se sustituyó al virrey por un capitán general; se dividió Catalunya en doce corregidurías, como Castilla, y no en las tradicionales veguerías. El catastro puesto en marcha pasó a gravar propiedades urbanas y rurales, así como los beneficios del trabajo, el comercio y la industria. Igualmente, el idioma oficial de la Administración dejó de ser el catalán y fue sustituido por el castellano, aplicándose desde entonces obligatoriamente en las escuelas y juzgados. También se cerraron las universidades, excepto la de Cervera, que se mantuvo fiel a Felipe V.
Uno puede entender que el PP no quisiera hacer la ofrenda por considerar que el acto es "una payasada", según definición indignada de Piqué al ver el barullo incívico en que se convirtió la presencia de su formación en los aledaños del monumento. Uno también es capaz de comprender que el PP aspire a convertirse en la casa grande de los no nacionalistas pero al mismo tiempo pueda considerar que Felipe V se pasó tres pueblos en Catalunya al eliminar unas instituciones arraigadas en la historia y al castigar su lengua, de tal modo que su ofrenda floral a Casanova sería un reconocimiento a la restitución del autogobierno, sin menoscabo de la nación española, como reconoce la Constitución. Pero lo que resulta un sinsentido es ir a homenajear a un combatiente de una simple pelea entre monarcas, de hace tres siglos; para eso no hace falta pasar el mal trago de poner unas flores en mitad de la barahúnda.

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