10/09/2007 - 9:00 h

Del Blog de Juan Vega en La Coctelera

La Universidad de Oviedo es, como todas las universidades, un enorme centro académico, que por su carácter público, tiene una enorme dependencia de la política, enormemente incrementada, desde que el proceso de transferencias trasladase a las comunidades autónomas la competencia para su gestión, tal y como ha ido sucediendo con casi todo.

El llamado Estado de las Autonomías nació como una solución de compromiso entre la presión independentista de las comunidades que tenían potentes fuerzas nacionalistas, organizadas ya en tiempos de la clandestinidad -heredadas en algunos casos de la Segunda República-, y aquellas otras que no sintiendo tal necesidad, fueron impulsadas a crear sus propias instituciones, para intentar mantener un extraño equilibrio descentrado, mediante la neutralización de la asimetría confederalizante de unos con la simetría federalizadora de otros: el famoso “café para todos” de Adolfo Suárez y la UCD que nadie sabe hacia dónde nos lleva en realidad.

Cierto es que la federalización confederada o confederación federalizada que es España se justificó siempre como un proceso hacia la agilidad en la gestión que había de venir garantizada por el mito de la descentralización que evitase el viaje a Madrid para todo.

Sin duda, cuanto más lejos peor para mover papeles acumulados, pero cuanto más cerca se adoptan las decisiones, más crudas resultan éstas, especialmente si afectan a sitios pequeñitos donde todo el mundo se conoce y la gente acostumbra a celebrar los inevitables concursos de hombres importantes, en los que unos y otros miden todos los días -hablando figuradamente, claro-, la longitud de sus penes y el grosor del glande.

Si un rector necesita pedir permiso al presidente de la comunidad autónoma para ir a mear, resulta inevitable que el presidente de la comunidad autónoma acabe decidiendo el nombramiento de los catedráticos eméritos, e incluso las conclusiones de los tribunales de oposición para la selección del profesorado acabarán pasando sobre su mesa. Todo esto independientemente de quienes sean las personas concretas que ocupen papeles estelares en el dramatis personae de esta tragedia inevitable.

Es inevitable que los miembros del órgano de gobierno de la institución universitaria, con su toga, su muceta, su birrete y sus puñetas –un disfraz de mucha más solera todavía que el de la justicia-, con sus paseillos por el patio del caserón de la calle San Francisco de Oviedo y con sus actos protocolarios a la sombra del inquisidor don Fernando de Valdés-Salas, no acaben creyéndose lo de la libertad de cátedra y el fuero universitario, para intentar evitar que las bajas decisiones de la política disuadan a cualquiera del intento de hacer una buena gestión de los intereses académicos y educativos de la institución, que sin duda son los que en el famoso plano abstracto del “deber ser” deberían inspirar la vida cotidiana de unos y de otros.

La realidad de la naturaleza humana está muy condicionada por la vocación de poder, y el poder tiene rincones desconocidos para la mayoría –si los conociese se alzaría en armas contra el sistema-, especialmente si nos introducimos en el submundo de los negocios de la política.

El Excelentísimo y Magnífico Sr. rector de la Universidad de Oviedo y el Excelentísimo sr. Presidente del Principado de Asturias, tuvieron notables y ruidosos choques de cuernos públicos y privados. Los motivos de estos crujidos públicos son conocidos, y en algún caso tan difíciles de justificar, como el aún no aclarado futuro de la Facultad de Ciencias de la Salud –vulgo Medicina- que se supone que forma parte indesligable del llamado Hospital Universitario Central de Asturias, cuya estructura surge aterradora sobre el solar del antiguo Manicomio de La Cadellada, en el otro extremo de la ciudad. Los conflictos desarrollados en la rebotica debieron ser de una enorme crudeza, a la vista de los que se produjeron a la vista de todo el mundo.

Al final se está creando un tan injustificable como injustificado alejamiento del centro hospitalario, de una facultad que se va a quedar a una distancia insuperable del futuro e imparable núcleo de la medicina asturiana, sin que por cierto se vea ahora la razón de esta desmesurada operación, cuando el edificio del nuevo hospital ya nos deja contemplar su estructura, mientras que a su alrededor crece una nueva ciudad, agobiante y agobiada, que ningún cambio real va a suponer sobre la presión urbanística de su antigua ubicación en el barrio de El Cristo, que se utilizó como pretexto para el traslado.

Resulta muy recomendable ver ya cómo crece la descomunal urbanización de Prados de la Fuente, al norte del nuevo HUCA, mientras el sur, el este y el oeste no dan ni para una caja de cerillas. A estas horas ya hay menos presión en El Cristo que en La Cadellada, pero.., lo hecho hecho está, el pescado vendido, los solares adjudicados y lo demás ya es cosa de la imaginación de cada uno.

Juan Vázquez y Vicente Álvarez Areces escenificaron públicamente sus desencuentros sobre la remodelación de la actual facultad, y en ningún sitio está previsto el presupuesto para construir otra nueva, al lado del hospital. Hemos visto nombramientos de catedráticos eméritos, afines al gobierno, que no publican un libro desde que empezaron a afeitarse. Hubo sonoras agarradas relacionadas con la creación de nuevas titulaciones, de las que no fue la menor, la abortada facultad de Bellas Artes de la que se hablaba para el misterioso edificio de Calatrava en la calle Jovellanos de Oviedo.

El ex consejero de Sanidad, Rafael Sariego, fue el encargado de tapar la boca al rector, en la polémica sobre el traslado de Ciencias de la Salud a la Cadellada, o su remodelación en la ubicación actual.

Ahora, el presidente acaba de colocar a Sariego al frente del Consejo Social, órgano político de control de la Universidad, para sustituir a José Ramón Herrero Merediz, personaje incómodo donde los haya, que siempre vivió a la sombra de Areces pero dándole mucho la lata, con lo que tenerle unos años amargando la vida a Juan Vázquez en el consejo social ya fue una brillante idea para quitárselo de en medio y darle de paso un poco la tabarra al rector, pues si de algo tiene fama Merediz es de personaje incómodo al que le gusta meter baza en todo.

El presidente acaba de dar un paso adelante, al escenificar la toma de posesión de Sariego fuera del edificio universitario, con gran deterioro de la imagen institucional de la Universidad y su máximo responsable, pues un rector que se lleva mal con el presidente no deja de ser censurado por su propia cuadra, por mucho que se venda que con ello está defendiendo la autonomía universitaria y la dignidad de la institución.

Mal encaje tiene la autonomía universitaria, como la municipal, dentro de una comunidad autónoma, pues sin duda son realidades que se repelen mutuamente.