Algunos amigos me instan a que me apunte a las facciones intelectuales que en ERC y CiU pugnan por la mutua alianza electoral. Su idea básica es cierta, el catalanismo unido tendría una fuerza superior a la actual. También un Ayuntamiento eficaz evitaría la degradación que sufre Barcelona. Pero en ambos casos llevamos 30 años de fracasos. Yno creo en milagros, en política ni en seny.Además, poco puedo hacer en CiU y ERC si jamás he estado en sus filas.

Además, CiU es confederal respecto a España, mientras ERC es independentista. No casan. Y más aún porque sólo se trata de teorías, que la gente cree equivocadamente inanes, cuando sean buenas o malas son las que son, sin ser otras y determinan el ejercicio del intelecto. Pero, además, en la práctica tampoco podrían ligar pues se mueven igual, pactando con los fuertes, PSOE o PP, piensan que les conviene y no yerran, pero también les convierte en rivales. Y creen que yendo por separado un partido puede engullir al otro, mientras si se juntan cada uno imagina que será automáticamente engullido por el rival.

Por lo demás, entre mis urgencias no figura la política, aunque como el aceite de oliva o el servicio telefónico influya en mis intereses y coyuntura. Pero pienso que en Catalunya se ha cometido un gran error, el de supeditar la cultura a la política, aquí prácticamente ya no hay más patria que la hipotética, la histórica o la partitocrática, lo que en tal abusiva medida no ocurre en España, Francia, Inglaterra... Sin patria cultural, la otra queda en imposición instrumental. Lo grave, luego, es que esto ocurre con líderes de entidad en cada formación, pues ahí están la solvencia de Artur Mas, expandida entre el electorado, y la pericia de Carod-Rovira para navegar desde el maximalismo lateral a la gobernabilidad plena, y viceversa. Lo que pinta más útil que las citadas facciones o plataformas, no obstante animen mucho.

Aunque esos pleitos nacionales vienen de lejos: Jaume el Conqueridor ya anduvo de cabeza acosado por la división y ambición de sus hijos y de la nobleza; la cual obligó a Pere el Cerimoniós a convocar continuas y envenenadas Cortes. En cada caso, casi medio siglo de lío. El país lleva clavada una división y ceguera entrañables,que le dañan la visión de la realidad. Así el Onze de Setembre, tenido por derrota catalana ante España, y así fue al final, en verdad provenía de la participación catalana en una Guerra Civil española, y además en el bando perdedor. Lo que no impide que sirva como bandera reivindicativa. Pero no lo asumamos en perenne y renovada derrota, la psicología política y patriótica también deben ser curadas, o se infectan.