La Moncloa ha tenido con el vicepresidente Pedro Solbes el enfrentamiento más duro de toda la legislatura a raíz de las declaraciones del responsable económico del Gobierno reconociendo “la incertidumbre e indefinición” que se cierne sobre la economía española.

Las declaraciones de Solbes han sido utilizadas por el portavoz parlamentario popular Eduardo Zaplana no para hablar de “incertidumbres” sino para hablar claramente de “recesión” y para atacar al presidente del Gobierno, “el único —ha dicho— que cree que no hay motivo de preocupación y ni siquiera su ministro de Economía le sigue”.

“El problema —comenta un portavoz de la Moncloa— es que Solbes es muy triste y dice todo con un tono de tristeza que lleva al pesimismo”. Quizás por eso, para evitar el pesimismo (pesimismo que se trasladó a la Bolsa los últimos días de sesión de la pasada semana) y frenar al Partido Popular, que comenzará su ofensiva de oposición en el Parlamento planteando temas exclusivamente económicos o que afectan a la economía familiar, Moncloa decidió a última hora que en la visita que el presidente del Gobierno iba a realizar a la Ciudad Financiera del Banco de Santander en Boadilla (Madrid) se pronunciaran unos discursos que no estaban previstos.

Ni Zapatero ni Emilio Botín iban a hablar durante la visita protocolaria programada desde hace varias semanas y la decisión presidencial cogió totalmente desprevenido a un Emilio Botín más cercano al Partido Popular (fue el gran apoyo de José María Aznar) que al Partido Socialista.

Había que disipar el clima de pesimismo (¿o de realismo?) que había creado Pedro Solbes y que había sido aprovechado por el Partido Popular, para colocar el mensaje de que la economía española está preparada para hacer frente a las turbulencias financieras y a cualquier otro desafío, entre ellos las subidas de tipos de interés, que según el presidente ya han terminado. Pronosticó que responde a un puro voluntarismo y no a la información que llega de Bruselas...

Según Zapatero, el aumento de las rentas ha permitido que las familias puedan afrontar las variaciones de los tipos de interés, como lo demuestra el hecho de que las tasas de morosidad de los bancos estén en estos momentos en “mínimos históricos”.

Por su parte, Emilio Botín, obligado por las circunstancias y hablando de tú a tú al presidente del Gobierno, no solamente le dio la razón sino que después de afirmar que la economía española sigue mostrándose, trimestre a trimestre, como una de las más fuertes de Europa, vaticinó que esa fortaleza se mantendrá en el futuro con elevadas tasas de crecimiento.

Mensaje que cuadra mal con ese anuncio de “recesión” económica de la que ha comenzado a hablar el Partido Popular pero difícil de entender para la mayoría de las familias españolas, cada día más endeudadas, cada día más hipotecadas y cada día más preocupadas por la subida de productos básicos como la leche, los cereales, el pan y los huevos.

El enfrentamiento con Solbes ha trascendido públicamente y ha trascendido además cuando el propio Solbes ha manifestado sus reticencias a toda una serie de promesas electorales que ha comenzado a hacer el presidente del Gobierno, y a las que se ha sumado el presidente andaluz con su propuesta de “pisos para todos”, y cuando tiene que hacer frente, esta semana, a todas las peticiones y exigencias económicas de los nacionalistas para cuadrar los Presupuestos Generales del Estado, unos Presupuestos que, por ahora, no cuentan con el necesario apoyo parlamentario y quizás haya que prorrogar los de este año.