LOS DÍAS VENCIDOS
El día de mañana fue durante unos años el día de la reivindicación. Algunos heroicos ciudadanos lanzaban unas cuantas octavillas y se perdían en la noche antes que la torpe policía política del franquismo les detuviera. Después vino la euforia democrática y, ante una estatua conmemorativa, se escuchaban aplausos para todos.
Pero desde hace unos años el Onze de Setembre es el día de la rabia. Legítima si ustedes quieren, pero rabia al fin. El 11 de septiembre es una jornada de afirmación sobre la negación. A ello contribuyen las torpezas gubernamentales, la catalanofobia ambiental y hasta la Federación Española de Fútbol. Cualquier cosa sirve para dejar que se instale la idea de que mejor solos que mal acompañados. Lo que no está tan claro es que por el hecho de estar solos las cosas fueran a mejor.
A mí no me preocupa el independentismo. Me sentiría también a gusto en una Catalunya independiente que no fuera totalitaria. El independentismo, hoy, ni siquiera es una ideología. El independentismo es la pulsión lógica de aquellos que se sienten nacionalmente maltratados. Y yo, la verdad, no es que considere que España me haya tratado muy bien, ni como contribuyente ni como hablante ni como ciudadano. Pero tampoco me gusta esa convicción tan extendida de que Catalunya es cojonuda y los gobiernos españoles son unos catalanicidas. Gente buena la hay en todo el mundo.Y me sabe mal esa tendencia de los independentistas a crear inquina contra el conjunto de la sociedad española sin destacar a los cómplices catalanes de la actual situación. El independentismo es la enfermedad infantil de una incapacidad: la de crear poderes económicos, culturales y asociativos potentes que irradien su influencia sobre España y sobre el mundo. Mañana será el día de la rabia y se nos dirá a los ciudadanos sin recursos que odiemos a todo aquello que representa España. Pero no se nos dirá que una buena parte de la humillación permanente viene de poderes económicos catalanes que hace tiempo que han renunciado a su papel de liderazgo nacional. Mientras los independentistas exijan más a un ciudadano que a los directivos de la Caixa, es señal que hay más táctica que estrategia.
La mujer y la venganza
Un jugador de baloncesto de la selección de Serbia perdió el partido y protestó ante las cámaras por la actuación arbitral. Lo que dijo no pasó desapercibido. Amenazó al trio arbitral con violar a sus madres y a sus hijas y al final le cayeron 14.000 euros de multa. Poco para lo que esta amenaza significa. Porque no es la bravuconada lenguaraz del serbio. Es algo que está en el fondo de una tragedia reciente. La de la violación sistemática de las milicias serbias sobre la población musulmana. Una violación que no respondía únicamente a la barbarie individual de todas las guerras, sino a un plan preconcebido de exterminio y desmoralización de la etnia vecina. La guerra de los Balcanes hace poco que pasó. El pivot de la selección serbia tiene hoy 21 años y se va a jugar a Estados Unidos. ¿Cuántas mujeres bosnias asistirían ahora a un partido de baloncesto?
Uniforme
Voy a la playa en bañador y allí se increpa a los nudistas. Voy al Liceo vestido de Liceo y de pronto me siento desnudo. No es el vestido el que hace a la gente, sino la subversión del uniforme.

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