Se cumplen ocho décadas desde que Alejandro Goicoechea presentó el primer vagón enteramente soldado, que revolucionó la industria ferroviaria. Los nuevos retos se centran hoy en la conquista del mercado de la alta velocidad.
Han pasado ochenta años desde que Alejandro Goicoechea revolucionara el sector ferroviario con la presentación en Bilbao del primer vagón enteramente soldado, con bielas y un centro de gravedad más bajo que los modelos anteriores. Un año después, en 1938, lleva su patente a un congreso en Santander, donde hace gala de presentar un tren completamente español. La industria ferroviaria nacional comienza a tomar relevancia en el panorama mundial. Junto a la aportación económica de José Luis Oriol, el Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol (Talgo) se convierte en una realidad.
Ochenta años más tarde, Talgo se mantiene a la vanguardia de la tecnología ferroviaria, luchando por el liderazgo en la alta velocidad española y con grandes inversiones en I+D, que han superado los 61.000 millones de euros en los últimos diez años. Más del 8% de su plantilla está dedicado a la explotación de este apartado en la alta velocidad. La compañía facturó el último año 180 millones de euros.
Fernando Torres, catedrático de la Universidad de Zaragoza y presidente de la Sociedad de Ingeniería de Fabricación (SIF), asegura que "la colaboración con Renfe fue imprescindible para el éxito de Talgo", a partir de los años cincuenta. Por primera vez, Renfe contrataba el mantenimiento del producto con su fabricante a cambio de un canon relacionado con la utilización del tren, haciendo a Talgo responsable de su funcionalidad y conservación, ya que, "debido a su alta tecnología, necesitaba a Talgo para que lo mantuviera".
Internacional
Hoy, los vehículos de Talgo, "con tecnología totalmente española", recalca Torres, llegan a países de todo el mundo, como Estados Unidos, Argentina, China o Alemania, nación en la que se enfrentó con problemas para su entrada en 1992. El grupo aún busca una expansión mayor, ya que el desarrollo internacional supone uno de los principales retos futuros a los que se enfrenta la compañía.
La familia Oriol, fundadora y propietaria de Talgo, firmó un acuerdo a finales de 1995 con la empresa de capital riesgo Lehman Brothers para que ésta se hiciera con el 49,9% del capital. Con esta operación, se creó una nueva sociedad, Newco, que se hizo con el 75% de Talgo, participada por Lehman Brothers y MCH, otra firma inversora.
La financiación económica para el proyecto provino de José Luis Oriol, junto a quien Goicoechea se lanzó a la aventura americana, porque, según Torres, "las empresas españolas no eran capaces de desarrollar una tecnología tan avanzada" como la que proponía Goicoechea. "La familia Oriol recibió un préstamo de 435.000 euros de la estadounidense American Car and Foundry para la construcción de los dos primeros trenes comerciales", afirma Torres. En 1948, salió la primera composición terminada.
Lucha por la alta velocidad
Desde entonces, Talgo ha crecido y ha aportado renovaciones continuas a la industria ferroviaria española, con los Talgo I, II y III, hasta llegar a la alta velocidad, donde compite con multinacionales como Alstom y Bombardier y, especialmente, con la alemana Siemens. Es un terreno considerado por Talgo como "uno de los segmentos del mercado ferroviario con mayor futuro y posibilidades de desarrollo". Patentes Talgo logró en el año 2005 el primer premio al mérito tecnológico de la SIF, por "sus méritos en el diseño y la fabricación de trenes de alta tecnología", confirma Torres.
Siemens, grupo que facturó en el último ejercicio 87.300 millones de euros, inauguró la infraestructura para el servicio de alta velocidad entre Madrid y Sevilla en 1992 "para cubrir un proyecto de la envergadura del AVE", confirman desde el grupo alemán, y por cuyas vías circulan trenes a más de 300 kilómetros por hora.
La última innovación de la compañía nacional se encuentra en el Talgo 350, también conocido como el pato, por su prominente morro en forma de pico. Talgo ha participado en consorcio con la empresa Bombardier en algunos proyectos, como la construcción de 16 Talgo 350 en 2001 para la línea Madrid-Barcelona, y otros 30 vehículos en 2004.
La francesa Alstom, cuyas ventas ascendieron a 4.000 millones de euros en el primer trimestre del presente ejercicio, también tiene su representación en la alta velocidad española, con trenes de más de 300 kilómetros por hora circulando entre Madrid y Sevilla.

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