Los cambios en el tipo de juguetes que demandan los niños son un reflejo de la evolución social. El juguete analógico está siendo apartado por los digitales y por las nuevas tecnologías.

Si ha pasado recientemente por la sección de juguetes de unos grandes almacenes, a falta de las antiguas jugueterías de barrio, se habrá percatado de que los habitantes de las estanterías ya no se parecen a los que hace algunos años extendían los brazos para ser comprados. Los juguetes tradicionales han sido sustituidos, como le ocurrió al vaquero de trapo de la película de Disney Toy Story, por otro tipo de figuras más acordes con la era digital. De las muñecas de trapo y los soldados de plástico, a los Furby y los Tamagotchi.

Los juguetes, esos objetos inocentes de los que disfrutan los más pequeños, son la imagen de la evolución de las sociedades, tanto por la forma que adquieren y a quien representan, como por la variación de los materiales, tamaños y funciones. A estas alturas de la historia, nuestras vidas están tan inmersas en las nuevas tecnologías que evitamos salir de casa sin el teléfono móvil, y al llegar a la oficina lo primero que ponemos es la mano sobre el teclado del ordenador. Los niños, a imitación de los mayores, buscan herramientas que les permitan pulsar botones, ver imágenes o hablar con seres inanimados.

La elección del tipo de juguetes que utilizan los niños podría marcar el futuro, ya que según el crecimiento y aprendizaje que tengan nuestros hijos, así serán las generaciones futuras. Paloma Arizcun Cela, orientadora infantil del colegio SEK Santa Isabel, considera que esta digitalización de la vida infantil no es mala en sí, sino que lo negativo para los menores es "el abuso de estos instrumentos, que la vida de los niños se desequilibre y dependan más de las máquinas que de las personas".

Por un lado es negativo porque se dejan de lado las relaciones humanas, pero por otro, las nuevas tecnologías mejoran la capacidad de razonamiento con imágenes y la velocidad de respuesta. Como posibles causas de esta digitalización señala que "los niños crecen cada vez más solos y las tecnologías llenan mucho tiempo que antes empleaban jugando con otros niños. Además, las maquinas carecen de emociones y para alcanzar una madurez emocional es imprescindible interactuar con otros seres humanos". La pedagoga mantiene que los desequilibrios en el uso de estas tecnologías están directamente relacionados con el entorno familiar en el que se desarrolla el menor.

Nuevos objetivos

Las grandes empresas jugueteras son las primeras interesadas en saber cómo evoluciona la sociedad infantil para poder ofrecerle los productos que demanda. Elena Ruiz, jefe de Producción de Bandai, afirma que se ha producido un cambio en el modelo de juguete que requieren los niños: "Cada vez piden más juguetes electrónicos y más videojuegos, aunque depende de la edad: cuanto más mayores, más se decantan por las videoconsolas". Los más pequeños tampoco se resisten a la tecnología, por eso se muestran más conformes con un juguete si tiene luz, sonido y cuantas más funciones mejor.

La adopción de herramientas digitales por parte de los pequeños podría llevar a pensar en la desaparición del juguete tradicional, con el consiguiente coste que ello supondría en el desarrollo del niño. Pero ¿están en peligro los juguetes? Según Ruiz, "los juguetes serán cada vez más electrónicos, pero los analógicos seguirán existiendo porque ayudan al niño a socializarse, a moverse y desarrollan la imaginación. El mercado tradicional continuará, pero con productos más innovadores". Por ahora los datos son esperanzadores, ya que aunque las ventas de videoconsolas han aumentado, los juguetes también han visto incrementado su mercado.

Las empresas jugueteras no sólo tienen que enfrentarse a un cambio interno a la hora de concebir sus productos, sino que también tienen que hacer frente a los teléfonos móviles, Internet y las videoconsolas, que ocupan casi todo el interés de los niños mayores de seis años. Para no quedarse atrás, empresas como Mattel o Zizzle han abierto páginas webcon contenidos restringidos a los que sólo se pueden acceder adquiriendo una Barbie o una figura de los Piratas del Caribe.

Recreando la película

Los niños no sólo han acusado la digitalización de la vida actual, sino que también se han visto sumergidos en una sociedad de la información marcada por el cine y las series de televisión. Los juguetes analógicos más demandados son los que representan a los personajes principales de las grandes producciones de Hollywood y de las pocas series que se emiten a diario en la televisión. Las jugueteras explotan licencias como Pokemon, Pocoyo, Star Wars o Los Piratas del Caribe, que están teniendo un gran éxito. El filón de este mercado cinematográfico es tan grande que incluso juguetes clásicos como los Lego o los señores Potato han adoptado la apariencia de los personajes de ficción más queridos por los niños, como Harry Potter o Spiderman.