Siguiendo las recomendaciones de la Comisión Europea, la mayoría imparte una asignatura específica al menos durante un curso escolar
Veintidós de los 27 países de la Unión Europea tienen en su sistema de enseñanza una asignatura similar a Educación para la Ciudadanía, que a partir de este curso comienza a impartirse en España. En 21 la materia es obligatoria, en uno, Alemania, es optativa, y sólo en cuatro no existe una asignatura específica sobre ciudadanía: Dinamarca, Holanda, Hungría y Malta.
En éstos, los contenidos de la materia se enseñan de forma transversal, es decir, que todos los profesores los transmiten en sus clases, especialmente en algunas asignaturas como Historia o Religión. En el resto, la naturaleza de la materia y su duración varía. En la mayoría, la asignatura se llama Educación Cívica, la misma denominación que recibe en España en 4º de ESO. Y casi todos dedican más de un curso a la materia.
En Suecia es obligatoria en todos los cursos de la enseñanza básica, 10 años, aunque es una excepción. Lo normal es que la duración sea de entre tres y cinco años. En España, por ejemplo, se estudiará en tres cursos: 5º o 6º de Primaria, 2º o 3º de ESO y 4º de ESO.
De los países de nuestro entorno, en Portugal se imparte cinco años, en Francia tres, en Italia cinco y en el Reino Unido cinco. En este último, la materia es obligatoria sólo en Inglaterra, al igual que en Bélgica sólo existe en la región germanohablante.
La generalización de la asignatura en toda la UE responde al impulso de la enseñanza de los valores democráticos que ha realizado en los últimos años la Comisión Europea. En un documento de la Unión, titulado La Educación para la ciudadanía en el contexto escolar europeo, el comisario de Educación, Ján Figel, explica que «el desarrollo de la ciudadanía europea es una de las principales prioridades de acción de la UE».
Asimismo, Figel dice en el documento: «El desarrollo de un comportamiento cívico responsable puede fomentarse desde una edad muy temprana. La educación para la ciudadanía, que incluye el aprendizaje de los derechos y deberes de los ciudadanos, el respeto por los valores democráticos y por los derechos humanos, y la importancia de la solidaridad, tolerancia y participación en una sociedad democrática, está considerada como un instrumento para que niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos responsables y activos».
Las palabras del comisario son la plasmación de la postura de la Comisión, que desde 2004 ha respaldado la creación de asignaturas de ciudadanía que traten de transmitir a los alumnos una serie de valores que favorezcan la convivencia con los demás.
Según los criterios de la UE, la asignatura debe formar al estudiante en tres ámbitos: la cultura política, el pensamiento crítico y la participación activa.
En el primero, se enseñaría «el conocimiento de las instituciones, los problemas sociales actuales, las constituciones nacionales y el reconocimiento de la diversidad».
En el ámbito del pensamiento crítico, los alumnos deben aprender a «adquirir responsabilidad social, consolidar un espíritu solidario, aprender a resolver conflictos y combatir el racismo y la xenofobia».
Por último, en participación activa, la UE recomienda que los colegios traten de «implicar a los alumnos en la comunidad», realicen «experiencias prácticas de democracia» y «animen a los estudiantes a desarrollar iniciativas conjuntas con otras organizaciones». Con estas líneas generales, los currículos de la asignatura son muy similares en todos los países.
No obstante, hay diferencias y particularidades. Por ejemplo, en Alemania y el Reino Unido se pone un énfasis especial en la ecología. En cuatro países de Europa Central (República Checa, Eslovaquia, Polonia y Rumanía), el patriotismo figura como un valor que los ciudadanos deben adoptar. En Chipre se incide en la idea de pertenencia a Europa, Finlandia se marca como objetivo fundamental «desarrollar seres equilibrados con un ego sano» y en Alemania se incluye el «respeto a Dios» como un factor esencial de la educación.
En este panorama, España ha sido uno de los últimos miembros de la UE en crear la asignatura, una circunstancia que ha aprovechado el Gobierno para defender la implantación de la materia. En efecto, la referencia europea ha sido un recurso habitual del Ministerio de Educación para aplacar las críticas de los opositores a Educación para la Ciudadanía.
Este mismo viernes, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, explicó en la rueda posterior al Consejo de Ministros que Ciudadanía «es una materia que ya se imparte en 19 países europeos [no contabilizaba ni el Reino Unido, ni Bélgica ni Alemania]». Por su parte, los contrarios a la obligatoriedad de la asignatura aseguran que, en Europa, Educación para la Ciudadanía no tiene las implicaciones ideológicas que, a su juicio, sí tiene en España.
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