La participación supera ligeramente el 40% del censo, lo que supone un récord histórico en la historia de la democracia magrebí

La abstención fue la protagonista de la jornada electoral en Marruecos. Apenas uno de cada cuatro electores inscritos, de los 15,5 millones del total, había votado ayer cuando apenas faltaban tres horas para el cierre de los colegios, que se amplió una hora. Ya en 2002 la participación fue sólo de un 52%, y esta vez se quedará por debajo. A última hora de la tarde, el ministro del Interior, Chakib Benmoussa, estimaba que la participación en los comicios rondaba el 41% del censo, equivalente a 6,4 milllones de electores, lo que supone un récord de abstención; más de 10 punros por debajo de lo registrado en los comicios de 2002.

Los marroquíes estaban convocados ayer a elegir a los 325 miembros de la Cámara, en unos comicios en los que partía como favorito el Partido de la Justicia y el Desarrollo, islamista moderado.

Por la mañana, en varios colegios electorales de Casablanca, capital económica de Marruecos, la presencia de mujeres y ancianos y la casi inexistencia de votantes jóvenes auguraba una «abstención consecuente», según la expresión utilizada por Taufik Buachrin, redactor jefe del diario Al Masae, el de mayor difusión en el país.

Unos 15 millones de votantes, -el 25% del censo electoral- no fueron a buscar el carné que les acredita como votantes. Una fuerte abstención se percibiría como un voto de desconfianza hacia el régimen, algo que da pánico entre los responsables de Interior.

El rey se ha implicado personalmente, y en dos ocasiones, en las elecciones al pedir en sus discursos la participación de la ciudadanía en los comicios. No es el miedo a atentados terroristas lo que ha hecho que los marroquíes se desinteresen por estas elecciones. La seguridad ayer era máxima. La razón de esta baja participación es una persistente desconfianza hacia los partidos políticos y hacia un sistema cerrado donde todos los poderes están concentrados en manos del rey.

El observador internacional y diputado federal Denis Ducarme, del Movimiento para la Reforma, un partido liberal belga, explicaba ayer a EL MUNDO que varios de los parlamentarios marroquíes reconocen en privado lo poco productiva que es su labor legislativa. Pocas leyes son aprobadas por la Cámara de los Representantes, lo que hace de esta institución una oficina más de la Administración marroquí, según sus detractores. Ducarme explicaba que varios de sus amigos marroquíes, de la clase media y media alta, habían decidido no ir a votar por la falta de confianza que les inspira el Parlamento.

Sin embargo, como señalan con admiración varios observadores extranjeros, todo ha sido preparado para que las elecciones marroquíes se celebren sin incidentes. El Estado marroquí ha declarado la guerra a los defraudadores, los «compradores de votos», como los denominan los marroquíes. Son especialistas del fraude que pueden trabajar con varios candidatos al mismo tiempo. Un voto valía ayer en los barrios periféricos de Casablanca 200 dirhams (menos de 20 euros).

Además, es la primera vez que las autoridades marroquíes permiten la presencia de observadores extranjeros. En total, son 52 de 19 países, dirigidos por el ex presidente boliviano Jorge Quiroga. Forman parte de la delegación enviada por el norteamericano Instituto Democrático Nacional de Asuntos Internacionales. Aunque estos observadores están vigilados por la policía, según señalaba un diario marroquí, tienen libertad para desplazarse por los colegios electorales.

Un fuerte contingente de observadores árabes integra la delegación de observadores. Más difícil lo tienen los 3.000 observadores marroquíes. El Consejo Consultivo de Derechos Humanos (CCDH), el organismo oficial que se encarga de supervisar el trabajo de los observadores extranjeros, sólo ha autorizado a 600 observadores.

Los comicios se cobraron su primera víctima. El diputado saliente Rahu el Hilae, candidato del Partido del Progreso y del Socialismo fue ingresado en estado de coma en Rabat tras sufrir una agresión por parte de un contrincante.

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