El jefe del Foreign Office dice que la UE mandará “un mensaje horrible” al islamismo si rechaza el ingreso de Ankara. Afirma que Irán “no tiene derecho” a iniciar una carrera nuclear regional.

David Miliband se ha convertido en uno de los grandes valedores del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, en la eterna y titubeante carrera para el acceso de Ankara en el club comunitario. El jefe de la diplomacia británica defendió ayer, en un acto con políticos y empresarios españoles organizado por el Real Instituto Elcano, defendió la “revolución silenciosa” de los últimos meses en Turquía –por la crisis política abierta hasta el nombramiento de Abdulá Gül como jefe del Estado laico, que exigió el adelanto electoral en el que se consolidó el respaldo social al gubernamental Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP, según sus siglas en turco), y la conveniencia de la integración turca en las instituciones comunitarias por motivos de seguridad y empresariales.

“El ingreso de Turquía debe entenderse como una buena decisión para avanzar en la batalla contra el extremismo y el fundamentalismo”, aclaró el joven responsable de la diplomacia británica. A su juicio, en caso contrario, Europa “mandaría un mensaje horrible” al islamismo de corte radical que busca el triunfo del “choque de civilizaciones” y el final de lo que consideran “mil años de humillación” hacia la cultura y la sociedad árabe.

Para el joven titular de Exteriores del Ejecutivo de Gordon Brown, “la estabilidad y la seguridad de Europa”, así como la sostenibilidad de su “dinamismo económico” dependerá, “en gran medida”, de “lo que ocurra fuera de las fronteras” de la Unión.

Pero Miliband también refrendó su respaldo a Ankara en términos empresariales.

Y lo hizo poniendo como ejemplo las presiones que el sector privado “ejerce” sobre gobiernos contrarios a su acceso –entre los que citó al alemán, al austriaco y al francés–, “para garantizar su negocio y sus intereses en un mercado rentable” como el turco. No en vano, desde la salida de la crisis financiera de 2002, los flujos de capital foráneo han crecido anualmente a un ritmo del 19% al calor del proceso de liberalizaciones y la estabilidad económica y financiera impulsada por Erdogan.

El titular de Exteriores británico, que afirmó compartir la misma visión de la cuestión turca que el Ejecutivo español, precisó que su asociación “sería bueno para Europa y para el mundo” y contribuiría a inclinar la balanza del debate islamista “a favor de las tesis democráticas”.

Miliband, que identificó las cuatro grandes amenazas globales en el terrorismo vinculado a Al Qaeda, el cambio climático, las desigualdades sociales y la urgente transformación de unas instituciones políticas y económicas “débiles, que se deben modificar” para impulsar fórmulas de “gobernabilidad mundial”, también apoyó la solución diplomática en la crisis de Irán.

En su opinión, el régimen de Teherán “no tiene ningún derecho a iniciar una carrera nuclear en Oriente Próximo”. Pero dio a entender que una salida airosa para la república islámica sería concederle un lugar “más acorde” a su peso económico y estratégico en la zona, en algún organismo de la “comunidad internacional”. Al tiempo que se declaró partidario del reconocimiento del Estado palestino para rubricar un proceso de paz con Israel, que lleva “cuarenta años desde la resolución de Naciones Unidas” que defendía la existencia de dos Estados.

El miembro del Ejecutivo de Brown apuntó la negativa de Londres a celebrar un referéndum sobre la reforma del Tratado Constitucional aprobada en junio, y su predisposición a que se apruebe en el Parlamento: Al fin y al cabo –señaló– los líderes europeos no impulsaron “una refundación de la Unión, sino una enmienda” a los tratados. Miliband, experto en temas ecológicos, criticó la actitud de EEUU frente al Protocolo de Kioto, pero atisba cambios. “Hay 17 Estados y 400 ciudades que han suscrito pactos similares”.