EL NUEVO CURSO POLÍTICO
El presidente intenta despejar temores, mientras el BCE mantiene los tipos de interés. El Gobierno socialista recibe el significativo apoyo de Emilio Botín, primer banquero español. El PP coloca la economía por delante de ETA y prepara una ofensiva en el Congreso
El lingüista George Lakoff es el nuevo héroe de los demócratas norteamericanos y de la izquierda europea que huye de la melancolía. Los ensayos de Lakoff, de moda en círculos socialistas de Madrid, están mostrando a unos y a otros que la metáfora es penetrante y que las batallas políticas en Occidente se libran, hoy más que nunca, en el terreno del lenguaje evocativo, mucho más poderoso y veloz que el razonamiento analítico.
"No piensen en un elefante", dijo en una ocasión el profesor Lakoff a sus alumnos, a modo de prueba, y de inmediato la mayoría de ellos imaginaron un paquidermo con una gran trompa: el símbolo del Partido Republicano. "No piensen en la crisis económica", dijo ayer José Luis Rodríguez Zapatero en Boadilla del Monte (Madrid) y la reacción de muchos españoles seguramente sea la de tentarse la cartera, de acuerdo con aquel viejo refrán castellano -muy anterior a la moderna ciencia neurolingüística- que dice que cuando el río suena, agua lleva.
¿Habrá leído Zapatero a Lakoff al revés? El optimismo antropológico del que el presidente del Gobierno suele hacer gala ha sufrido suficientes contratiempos durante la legislatura como para pensar que el conjuro presidencial puede acabar refozando la sospecha de que algo malo le puede ocurrir a la economía española en los próximos meses. Dicho en términos gratos al intrépido lingüista de la Universidad de Harvard: el marco mental de la inquietud puede que haya sido definitivamente activado.
No nos dejemos llevar, sin embargo, por ideas gráciles, puesto que Zapatero contó ayer con dos poderosos aliados: Emilio Botín, el más potente de los empresarios españoles, y el Banco Central Europeo (BCE), que ha decidido aplazar la subida de un cuarto de punto del precio oficial del dinero (del 4 al 4,25%), contra las más recientes previsiones.
Botín arropó sin ambigüedades al presidente del Gobierno, al afirmar su convencimiento de que la economía española sabrá conservar su actual robustez. "Estoy seguro de que en el futuro mantendremos altas tasas de crecimiento", dijo el primer banquero de la zona euro, antes de que el jefe del Ejecutivo tomase la palabra. Casi a la misma hora, Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, aplazaba la subida de tipos de interés y el pueblo hipotecado respiraba hondo: un cuarto de punto de sosiego.
El mensaje de Boadilla del Monte fue urbi et orbi. Dirigido al mundo inquieto y maleable de los consumidores y a la ciudad de la política, que estrena curso en busca de nuevos argumentos, toda vez que el psicodrama de ETA presenta señales de agotamiento, gracias a la eficacia de los servicios policiales. Gracias a una verdad hoy indiscutible: mientras se intentaba la negociación con los terroristas, el Estado no bajó la guardia. Al contrario. Puede que el propio proceso negociador haya facilitado valiosas pistas a la Guardia Civil y a la Gendarmería francesa.
Mensaje también a la urbe gubernamental, y muy concretamente al vicepresidente económico, Pedro Solbes, cuyas declaraciones de esta semana dibujando horizontes de incertidumbre han dado valiosa munición al primer partido de la oposición. "Hace tan sólo unos meses todos creían que acabaríamos el año estupendamente y que el próximo año registraría un muy alto crecimiento. Ahora tenemos bastante más incertidumbre que hace unos meses en términos globales, europeos y españoles", declaró Solbes el pasado miércoles.
Todo texto, sin embargo, tiene su contexto. El vicepresidente no oculta estos días su contrariedad por la fiebre de gasto que preside la elaboración de los presupuestos del 2008.
Más amante de la hipérbole que de la metáfora, el Partido Popular elevó ayer el tono de su nueva campaña y comenzó a hablar de "recesión". Habrá vigorosa batería de preguntas en el Congreso. El PP también tiene un problema con Lakoff. Yes que a Rajoy le centellea la mirada: "No piensen que estamos deseando, con ardor, que haya crisis". Lingüística será la batalla.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados