LA REACCIÓN EUROPEA A LA CRISIS FINANCIERA
La mañana de ayer los gobernadores del Banco Central Europeo (BCE) tenían que enfrentar tres problemas: un posible repunte de la inflación en la zona euro, escasez de liquidez en el mercado interbancario y el impacto negativo de la crisis financiera de Estados Unidos sobre el crecimiento de las economías europeas. Un trilema cuya solución, según la mayoría de los expertos, estaba en dejar el tipo de interés en el 4% y esperar a que las cosas se arreglen por sí solas.
En primer lugar, les preocupaba la inflación, porque mantener el valor del dinero (que la inflación erosiona) es el mandato principal y único de la institución monetaria. Hoy por hoy, el índice de inflación es ligeramente inferior al 2%, la meta que se ha fijado el BCE. Pero para el medio plazo había señales ominosas: el precio del petróleo, que sigue subiendo, y el precio de los cereales, que se ha duplicado en un año en los mercados de futuros de Europa y América, arrastrando al alza los precios de la leche, los piensos, la carne y la alimentación en general. Bien saben los gobernadores del BCE que una vez la inflación se instala en una economía cuesta mucho, en términos económicos y humanos, eliminarla. Por eso la prudencia monetaria dicta la intervención en cuanto se atisban tendencias inflacionarias bien definidas. Esto sería un argumento a favor de la elevación del tipo de interés hasta el 4,25 %, anunciada antes de la crisis financiera de agosto.
El segundo problema es la falta de liquidez en el negocio interbancario. Los bancos están menos dispuestos a prestarse dinero unos a otros por las pérdidas que han tenido en sus activos de alto riesgo relacionados con las hipotecas basura de los Estados Unidos. Solucionar esta falta de liquidez no es un objetivo expreso del ningún banco central, pero es una misión implícita de todos ellos, porque se sobreentiende que su primera obligación es hacer que el sistema monetario funcione bien. De hecho, el BCE lleva días haciendo préstamos a corto y a cortísimo plazo (un día, normalmente) a los bancos que dependen de él para paliar la falta de liquidez en el mercado interbancario. Para solucionar este problema, las inyecciones directas de liquidez parecen ser más efectivas que la reducción del tipo básico de interés para reducir el interbancario. El aumento sería contraproducente.
FINALMENTE, está el problema del crecimiento. El BCE, a diferencia del Sistema Federal de Reserva de Estados Unidos, no tiene un mandato para fomentar el crecimiento económico. Pero implícitamente lo adopta, aunque no sea más que por la enorme presión de los gobiernos, para que el banco no perjudique el crecimiento en momentos de crisis, como el que está atravesando la economía mundial. Para ayudar a mantener las tasas de crecimiento tendría que rebajar el tipo de interés, una prescripción contraria a la que necesita la contención de la inflación. Este es el dilema básico del BCE, al que ahora se ha añadido la falta de liquidez.
Una cuestión fundamental que el consejo de gobernadores tenía que debatir es cuánto ha afectado y es posible que afecte a las economías europeas la crisis norteamericana, que cada día parece más grave. Los gobernadores del BCE saben que la globalización, sobre todo en la esfera financiera, no es un concepto vacío. La OCDE ha estimado recientemente que el crecimiento europeo en 2007 bajará del 2,7% al 2,6%, una diferencia pequeña, pero que marca una tendencia pesimista.
ASÍ ESTABAN las cosas la mañana de ayer. La decisión del Banco Central Europeo, al mantener el tipo básico de interés de la zona euro en el 4%, desdiciéndose de sus declaraciones del 2 de agosto, acepta la opinión mayoritaria de los expertos, unos expertos tan confundidos como el resto de los mortales. Es, en mi opinión, una solución inspirada en la filosofía del mal menor, incapaz por sí misma de solucionar alguno de los tres problemas mencionados, pero quizá, con buena suerte, apta para no empeorar ninguno de ellos. Aunque tengo mis dudas sobre la inflación. En todo caso, no resuelve las incertidumbres que se ciernen sobre los mercados financieros. ¿Cómo van a evolucionar los tipos interbancarios a corto plazo? ¿Y el euríbor se mantendrá en el 4,8% actual?
De los tres problemas mencionados, el BCE se ha dirigido al de la liquidez en los mercados monetarios, que no necesita cambios del tipo de interés, con una inyección de 42.240 millones de euros en el sistema bancario. Pero ha dejado sin tocar el dilema crecimiento-inflación, que si es cosa del tipo de interés. La decisión del Banco Central Europeo del 6 de septiembre es necesariamente una solución provisional, que, ciertamente, puede ser cambiada en cuanto cambien las señales del tráfico económico. Hoy descansarán muchos centros financieros y ministerios de Economía, pero la incertidumbre no se ha terminado, solamente se ha aplazado su efecto. El BCE ha ganado tiempo. Pero ¿cuánto? La evolución de la economía lo dirá.
Luis de Sebastián. Profesor honorario de Esade.

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