Hay un médico en el centro de salud de El Parque-Somió al que el Servicio de Salud del Principado (Sespa) ha sancionado con suspensión de empleo y sueldo durante unos meses y con su traslado forzoso al consultorio de Tremañes.

Antes de entrar en materia, advierta el lector cómo las autoridades salutíferas del Principado poseen un denso sentido de la justicia y un no menor instinto de igualación social. De Somió a Tremañes; del Este al Oeste; de la ciudad jardín a la ciudad industrial; del mundo residencial al habitacional. Claro que los usuarios del consultorio de Tremañes podrán decir, también con toda justicia: «Oigan, ¿por qué nos mandan ustedes a un médico sancionado? Pónganlo en Laviada, o en Puerta de la Villa». Por tanto, primera pregunta inocente: ¿por qué la penalización consiste precisamente en llevarse a un señor de un extremo al otro, literalmente, del área urbana del concejo?

Ahora bien, según lo que se va sabiendo de este suceso, en Tremañes deberían aplaudir el traslado, pues del médico de autos se dice que es paciente con sus pacientes, que excede el tiempo per cápita marcado por la Administración y que cierra su consulta cuando ha terminado su labor, y no cuando suena la campana. Sus atendidos destacan de él, además, su disponibilidad y empatía. A falta de conocer todos los elementos del caso, y a primera vista, un individuo así puede acabar resultando incómodo. Es el precio del desvío de la norma.

En el Sespa dicen que en ocasiones su forma de trabajo crea problemas, y que se relaciona difícilmente con el equipo, o que no acata ciertas normas. Pero el Sespa también dice de sí mismo que sería «de locos sancionar por un comportamiento ejemplar». Por tanto, ¿es este facultativo ejemplar, desde el punto de vista de sus pacientes, o resulta que al romper hábitos deja de ser modélico?

Ya decimos que no manejamos todos los datos de este apasionante asunto. Pero habrá que seguirlo. Por el momento, nos intriga lo del ostracismo en Tremañes.