Tras las vacaciones, todo el mundo político e institucional catalán se dispone a encarar una nueva Diada. Como sucede cada año en Euskadi con el Aberri Eguna, este año la Diada Nacional de Catalunya se celebra en un puente, y por ello es previsible, casi con toda seguridad, que sean muchos más los que aprovechen esa circunstancia para ausentarse unos días, que los que se reunan en torno a los actos de la Diada.

Hay para ello alguna razón adicional. Jamás en los últimos 30 años se ha notado tanto en Cataluña la falta de interés y el desencanto con respecto a la política. Y es que, tras los 23 años que estuvo Pujol al frente de la Generalitat, asistimos a un renovado impulso político en Cataluña. Con la aportación de la irrupción de ERC, y, en menor medida, de Iniciativa per Catalunya, y en colaboración con el Partit dels Socialistes de Catalunya, llegó un nuevo tiempo político marcado por el Govern d´Esquerres, en el 2003.

Tras un largo proceso de elaboración, se aprobó la propuesta de Nuevo Estatut en Setiembre del 2005, con el 90% de los votos del Parlament de Catalunya. Pero esa propuesta del Parlament (aquélla que se comprometiera públicamente a respetar Rodríguez Zapatero), salió seriamente recortada del Congreso español, tras pasar por el cedazo de la Comisión Constitucional presidida por Alfonso Guerra y por las tijeras del acuerdo de la Moncloa entre Zapatero y Artur Mas. Eso es algo que ha acrecentado, sin duda, la desconfianza y la desesperanza para con la política de mucha gente en Cataluña, que se puso de manifiesto en el referéndum estatutario y en las recientes elecciones, y que se nota solamente con pisar las calles del Principado.

Por si ello fuera poco, ahí están los acontecimientos de los últimos meses: las infraestructuras catalanas son día sí día no objeto de comentario, cuando no de chanza, tras quedar miles y miles de usuarios tirados en las estaciones de tren o en las vías de acceso a la capital metropolitana; el ministro Solbes pone en duda los dineros que tienen que venir a Cataluña en virtud del Nuevo Estatuto, atrasando su cuantificación “sine die”; el serial del Aeropuerto del Prat no parece tener capítulo final; y, como si la Ley de Murphy tuviera que cumplirse inexorablemente, la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona se tornó en una ridícula comedia, gracias a la “apagada” tras la avería eléctrica del pasado mes de Julio.

En ese contexto, el sustrato político catalán se ha comenzado a mover de nuevo, y son más de los que se pensaba los que comienzan a decir que se debe hablar sin tapujos de la soberanía. Es verdad que el próximo Congreso de ERC, a celebrar el mes de Octubre, influye en el discurso político, o, si se quiere, en la radicalización soberanista de ese discurso. Pero más allá de la situación interna de ERC y de su próximo Congreso, hay suficientes indicios, para quien quiera abrir los ojos, que nos están anticipando la progresión del movimiento a favor de una verdadera soberanía en Cataluña. Ahí están los movimientos entre las bases de CiU y ERC, o la Plataforma por la Soberanía que anuncian el profesor Hector López Bofill y el miembro del CGPJ Juanjo López Tena, entre otras iniciativas.

Hace aproximadamente 12 años, Pere Esteve, siendo secretario general de Convergència Democràtica de Catalunya, contó con el apoyo del PNV y del BNG para su iniciativa llamada “Declaración de Barcelona” (alguien llegó a decir que era el único que se la creía); más tarde, en el 2002, viendo que CiU seguía pactando con el PP, Esteve se marchó de CiU para crear su plataforma Catalunya 2003, poniendo su grano de arena para abrir un nuevo tiempo político en Cataluña. En opinión de muchos, ese nuevo tiempo político debiera haber ayudado a desbrozar, por lo menos, el camino del federalismo en el Estado español. El Estado, por el contrario, ha demostrado sobradamente que no tiene intención alguna de andar ese camino. Y eso también ha contribuído a que en Cataluña se alce la voz desde diferentes sectores políticos y sociales.

No sé cuántos serán los que queriendo celebrar la Diada se queden sin disfrutar del largo puente que conduce hacia el 11 de Setiembre. Pero estoy seguro de que la Diada del 2007 será la más independentista que hemos visto nunca, y que ese mensaje de independencia es el que llegará hasta los partidos políticos desde las diferentes instituciones y plataformas que están hablando desde la sociedad.

Si estoy o no en lo cierto, pronto tendremos ocasión de saberlo.