AL ABORDAJE

Por más que Gallardón insista en aplicarse una capa de barniz intelectual citando a Cernuda, el modelo de líder que nos llega del exterior es el que se hace fotografiar con el torso desnudo y en un estado de forma que avergüenza el meyba desbordado de Fraga en Palomares. En estos tiempos Marie Claire, sería inapropiado caracterizar el vigor físico de los conductores de hombres mediante el aval del apetito sexual, como se hizo con Kennedy y con Trujillo, el Chivo coñófago de Vargas Llosa. Por eso, toda una generación de estadistas emergentes, representada por Sarkozy y Putin y con Bush casi amortizado, afianza la masculinidad con la que pretende asaltar el futuro dejándose retratar como Geyper-Mans que incluyen todos los complementos de atrezo: el kayak, la lancha motora, la raqueta, el traje de judoka, el uniforme de piloto de caza y hasta el fusil de mira telescópica.

A este tendencia que Carmen Rigalt llamaría vigoréxica ha sucumbido incluso 'Zetapé'. El todavía presidente acaba de descubrir que andar diciendo que lee a Borges y a Gamoneda no le homologa con los líderes mundiales como sí lo hacen unos pantalones pirata con la etiqueta colgando, unas zapatillas Nike demasiado nuevas y una apostura de ladrón de bolsos perseguido por la policía. He aquí el Hombre: rojo justiciero, paladín de los débiles, domador de etarras con la cabeza metida en las fauces de De Juana Chaos y jogger. Como para tocarse, vamos, igual que Bernat cuando le pidió el Nobel. Si la legislatura arrancó con el posado de las conejitas, va a concluir con el del macho alfa del socialismo. Lo malo es que sobre la fotografía de Sanlúcar ventilada por el diario orgánico recaen ya más sospechas que sobre la del alunizaje de Armstrong, quien al menos dejó impresa una huella en la Luna, cosa que no ha logrado Zetapé en la playa por más que sus pasos sean grandes para la humanidad. ¿Un montaje? ¿Es que a Zetapé, de tanto borrarse las huellas dactilares pasando páginas de Gamoneda, no le alcanza el resuello para correr de verdad una docena de metros? El veraneo ha confirmado la particular intimidad que une a Zetapé con Moraleda, quien lo mismo le sirve para neutralizar, vigilante, a la prensa crítica que para atender a la familia como camarero: así se va haciendo el hombre una carrerita.

Qué lástima no haberlos visto a ambos durante el posado playero. Zetapé, estático en el escorzo ideal, abombando pecho. Y Moraleda, en plan Leibovitz, buscándole la luz más favorecedora, y quién sabe si proponiendo por morbo propio lo del torso desnudo:

«Como Sarkozy, jefe, que él también está bueno». Lo malo de que el presidente en realidad no corriera es que Moraleda perdió la oportunidad de cumplir un sueño que comparte con ese Smithers sojuzgado por Mr. Burns: un buen boca a boca.

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